David S. Cohen: ¿Hay alguna leyenda en torno al formato 3-D que le gustarÃa desmitificar?
En cierto modo, en mis respuestas a sus preguntas desbarato esos mitos, uno por uno.
David S. Cohen: Los trailers y los anuncios en televisión de un filme son fundamentales para su comercialización, y el video es una importante fuente de ingresos, pero actualmente no hay televisión en 3-D y no puede contar con que siempre se puedan ver los trailers en 3-D. ¿Cómo contempla usted esta cuestión como director de la pelÃcula?
Todas las pelÃculas se hacen para verse en distintos formatos. Todo director sabe que su pelÃcula será más vista probablemente en DVD o en la red de TV, es decir, en pequeña pantalla, que en una sala de cine. ¿Esto cambia la forma en que la dirigimos? No mucho. Primero, y sobre todo, la pelÃcula debe ser una buena pelÃcula. Tiene que conseguir la explosión del conjunto de los ocho cilindros, independientemente de que haya sido concebida como una pelÃcula en 2-D o en 3-D. En consecuencia, una pelÃcula en 3-D que se proyecta en 2-D, en cualquier tamaño de pantalla, deberÃa ser también capaz de transmitir. La técnica 3-D deberÃa estar siempre concebida como un turbo, como un potenciador de un trabajo cuya razón de ser está fundamentada en su guión, sus personajes, su estilo, etc.
En cualquier caso, con el número de pantallas disponibles en la actualidad en Norteamérica, y seguramente a nivel internacional en años venideros, será necesario estrenar en 3-D y 2-D tanto para las salas de cine como para DVD o para su emisión en TV. Por tanto, la pelÃcula debe ser también absolutamente competitiva en 2-D. Antes de decidirme a hacer una gran pelÃcula en 3-D tuve que comprobar por mà mismo que el formato 3-D no perjudicara de ninguna manera el visionado en 2-D. ¿PodrÃa rodar de la misma manera? ¿PodrÃa verse comprometida la colocación de la cámara o de la luz? ¿PodrÃa cortar igual de rápido?, etc. Sólo cuando hube realizado suficiente producción y pruebas en 3-D para responder a estas preguntas estuve dispuesto a continuar.
En cuanto al 3-D en el hogar, la única limitación para tener un visionado en estéreo en casa es el número de tÃtulos disponibles en la actualidad. En cuanto haya más productos, las compañÃas de electrónica de consumo fabricarán monitores y consumidores. La tecnologÃa existe y es sencilla. Samsung ya ha desarrollado 2 millones de monitores de pantalla ancha de plasma que pueden ofrecer una excelente imagen estéreo. Ahora mismo no hay consumidores que estén enganchados, pero los puede haber un poco más adelante, cuando prueben los monitores del futuro, y esto da idea de lo fácil que serÃa conseguir la implicación de las grandes compañÃas de electrónica. Cabe recordar que un buen formato en 3-D requiere una mayor participación entre público y pantalla. A menos que usted esté dispuesto a sentarse más o menos a un metro del monitor de 50 pulgadas, lo cual es algo que, exceptuando algunos frikis (como yo), no se harÃa en casa, no va a experimentar la misma sensación cuando vea una pelÃcula 3-D en el equipo del hogar que en la sala de cine, independientemente de si la resolución de la imagen es la misma o no. Por lo tanto, siempre va a haber una gran diferencia entre ver en casa una pelÃcula en 3-D a verla en 2-D, lo cual está bien porque el 3-D se convierte asà en una tecnologÃa que va a ayudar a conservar el negocio de las salas de cine en una época en la que se encuentran amenazadas.
David S. Cohen: ¿Cree usted que es posible realizar una pelÃcula demasiado dependiente del 3-D teniendo en cuenta la economÃa de la actual industria del cine? Y en caso afirmativo, ¿cómo lo afronta usted?
No creo que se sepa todavÃa lo que representa económicamente el 3-D, y no se sabrá durante algunos años. Entonces, dependerá del número de pantallas y, lo que es más importante (a largo plazo) del número de cineastas que quieran rodar en este nuevo entorno, porque el éxito del resurgir del 3-D va a estar determinado por el contenido. Creo, en cualquier caso, que es un error basar el éxito de una pelÃcula en el formato 3-D, ya sea estética o comercialmente. La pelÃcula no debe comercializarse sobre todo y prioritariamente como un experimento 3-D. Tiene que venderse por sus valores (reparto, guión, imágenes, etc.) y el espectador debe estar informado de que puede comprar ese filme tanto en 2-D como –pagando un poco más– en 3-D. DeberÃa ser igual que pedir algo en Starbucks. Un montón de opciones. Si los nuevos medios de comunicación de la última década nos han enseñado algo es que a la gente le gusta tener opciones y asumir el control.
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