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Entrevista a James Cameron sobre el futuro 3D

Jacobo Martínez

Vie, 30 Enero 2009

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El pasado 11 de abril de 2008 James Cameron fue entrevistado por Variety a propósito de Avatar, un proyecto en el que lleva más de 9 años años trabajando y que pretende revolucionar la forma de ver cine.

En dicha entrevista, que ahora publicamos íntegra y completamente traducida gracias a Fox España, el enigmático director desvela el arte y la técnica del formato estéreo 3D. No os la perdáis, porque tiene partes muy jugosas y es bastante larga.

Avatar, la próxima película del director James Cameron, se considera uno de los proyectos cinematográficos más esperados de la reciente historia del cine. Siendo su primer filme narrativo desde que realizó la película número 1 del “box office” y éxito de todos los tiempos Titanic (1997), Avatar constituye la realización de un sueño que Cameron tuvo hace mucho tiempo de fusionar el formato digital 3-D estéreo con una historia de carácter épico que se exhibiera en la gran pantalla. David S. Cohen, de la revista Variety, realizó esta entrevista a Cameron por e-mail. Hasta la fecha, Cameron es el director que más se ha implicado en la investigación del formato 3-D, sin embargo, todavía mantiene aspectos concretos de su filme Avatar bajo secreto.

David S. Cohen: Usted ha trabajado en 3-D anteriormente y ha sido un verdadero divulgador de esta técnica. Mucha gente de la industria comenta la importancia de mostrar en las salas de cine una experiencia que va más allá de lo que la gente puede obtener en casa. Asimismo, estamos observando que al público le gusta el formato 3-D y que esta técnica se está convirtiendo en un motor fundamental para la adopción de sistemas de formato digital en las salas de cine. Pero hablando en concreto de su labor como director y guionista, ¿qué es lo que añade el formato 3-D al aspecto creativo de un proyecto cinematográfico?

Yo creo que Godard se lo sabía a la perfección. El cine no es una verdad 24 veces por segundo; es una mentira 24 veces por segundo. Los actores pretenden ser personas que no son, en situaciones y entornos completamente ilusorios: un día simula la noche, un paisaje árido pretende ser húmedo, la ciudad de Vancouver pasa por ser Nueva York, pedacitos de patata simulan ser copos de nieve. El edificio es simplemente un decorado de delgadas paredes, la luz del sol es un equipo de iluminación Xenon y el ruido del tráfico lo proporcionan los especialistas de sonido. Todo es una ilusión, pero el premio es para quienes consiguen que la fantasía sea más real, más visceral y más reconocible por el público. Esta sensación de realidad se refuerza enormemente gracias a la ilusión estereoscópica. Hasta la fecha, en los tipos de películas que han sido principalmente mi especialidad, la fantasía se aprecia mejor a través de un sentido de la realidad basado en el detalle y en la textura, que favorece la historia en todo momento. Todo el conjunto de personajes, diálogos, diseño de producción, fotografía y efectos especiales debe orientarse a producir la ilusión de que lo que estás viendo está realmente pasando, no importa lo improbable que la situación pudiera ser si uno se parara a pensarlo – por ejemplo, un traveling de un cyborg ubicado fuera de su tiempo que mate a una camarera puede cambiar la historia. Cuando uno ve una secuencia en 3-D, ese sentido de la realidad se amplifica. La corteza visual concluye, a un nivel subliminal pero generalizado, que lo que está viendo es real. Todas las películas que he hecho anteriormente podrían haberse beneficiado absolutamente del formato 3-D, por lo tanto, creativamente, yo considero la técnica 3-D una extensión natural de mi oficio de cineasta.

Una película en 3-D te sumerge en la escena con una mayor sensación de presencia física e implicación. Creo que una resonancia magnética de la actividad cerebral mostraría que hay más actividad neuronal cuando se ve la película en formato 3-D que si se ve en 2-D. La mayoría de la gente cuando piensa en las películas 3-D se imagina sobre todo secuencias con extraños artilugios: personajes u objetos que vuelan, flotan o se proyectan hacia el público. En realidad, en una buena película en estéreo estas tomas deberían ser más la excepción que la regla. Ver una película en estéreo es observar una realidad alternativa a través de una ventana. Resulta algo intuitivo para la industria del cine la idoneidad de esta cualidad de inmersión en los filmes de acción, fantasía y animación. Lo que es menos evidente es que el aumento de esta sensación de presencia y realismo funciona en todo tipo de escenas, incluso en los momentos más dramáticos e íntimos. Lo cual no significa que todas las películas deban hacerse en 3-D, porque en muchos casos el resultado puede no justificar los costes, pero, desde luego, no debería de haber ninguna razón creativa por la cual una película no pudiera ser rodada en 3-D y beneficiarse de ello.

Cuando empecé en el año 2000 el proceso de desarrollo de las cámaras 3-D con Vince Pace, estábamos buscando una alternativa a las cámaras convencionales que yo había utilizado hasta entonces. Dos años más tarde, mientras profundizaba en el desarrollo y la producción de la tecnología estéreo, tuve una visión: que los proyectores digitales propuestos para reemplazar a la película de 35 mm podrían perfectamente soportar el formato 3-D debido a su elevada velocidad de encuadre. Realmente podrían ser capaces de proyectar en 3-D hacia el ojo izquierdo y el ojo derecho secuencialmente, a velocidades de encuadre verdaderamente elevadas que nosotros percibiríamos como simultáneas. Entonces concluí que eso significaba que una nueva era del formato 3-D era ya completamente factible, y que nuestros modestos esfuerzos en esta tecnología conducirían al mercado a respaldar ampliamente el desarrollo del cine digital, lo cual se consideraba inminente e inevitable.

Es irónico que media década después el desarrollo esté teniendo lugar, en gran medida, porque está siendo impulsado por el 3-D. El cine digital está llevando el formato 3-D al mercado. Y esto es debido a que el público está viendo algo que le gusta y está demostrando su disposición a pagar más por ello. El nuevo 3-D, este renacimiento del estéreo, no sólo resuelve todos los viejos problemas de mala proyección, tensión ocular, etc., sino que está siendo utilizado en películas de primera categoría, que son las que quieren ver los espectadores. Esto representa un cambio fundamental en relación a lo que ocurrió en los años 50 con la efímera moda del 3-D. El formato 3-D también es una oportunidad para reescribir las reglas, elevar los precios de las entradas por una razón tangible: por un valor añadido demostrable.

Una rápida definición de los términos: Yo digo estéreo en vez de 3-D porque trato con muchos artistas de animación digital que están acostumbrados a usar el término “3-D” como un término característico del arte de animación digital, por lo tanto, suelo emplear estéreo en su lugar, una forma abreviada de estereoscópico, y así no hay confusión. Sin embargo, cuando se trata del público, digo 3-D porque los espectadores saben lo que significa en ese contexto: que van a tener que usar gafas y que van a ver algo realmente innovador.

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