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Valor de ley, de Joel Coen y Ethan Coen

Alberto González

Mie, 21 Septiembre 2011

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Adéntrate en este particular western con nuestra nueva crítica y aproximación cinematográfica, aprovechando el reciente lanzamiento de la última película de los hermanos Coen en formato DVD y Blu-ray.

Encontrarnos con una película como Valor de ley es algo muy extraño, dado los crepusculares tiempos que corren en lo cinematográfico. Primero, porque estamos hablando de una obra de muy difícil digestión y aceptación para el público actual (acostumbrado a un lenguaje y a una serie de elementos y tramas más ligeros y poco sustanciosos) y segundo, porque la sola apreciación del género al que pertenece el film (el western), ya es una traba indigesta para la mayoría de los espectadores. La última película de los hermanos Coen, pese a ser un remake (apreciación un tanto libre dada la naturaleza de la adaptación de estos particulares directores) de la clásica película de Henry Hathaway, es un todo un canto de cisne al western más tardío en el tiempo, a sus historias, sus personajes y sus dilemas morales en lugares y momentos difíciles.

Joel y Ethan Coen no dudan en acercarse al tono de fábula de la novela de Charles Portis desde el mismo principio (novela, no obstante heredera de una época), y que relata las desventuras de la pequeña Mattie Ross (Hailee Steinfeld), una joven cuyo padre fue asesinado en una disputa por un peligroso bandido llamado Tom Chaney. La historia gira alrededor de la búsqueda de dicho asesino por parte de la propia Mattie Ross y el Marshall que contratará para ello, Rooster Cogburn (interpretado por un sobresaliente Jeff Bridges), así como del viaje que ambos emprenderán por unas tierras tan peligrosas y frías, como desoladas y solitarias. En su camino se cruzará un ranger de Texas, LaBoeuf (papel a cargo del siempre eficiente Matt Damon), que les hará compañía en esta particular cacería.

Así, los hermanos Coen articulan su particular western, que aunque permanece ligeramente marcado bajo la batuta de la historia original de Portis y la película de Hathaway (donde recordamos, John Wayne ganó un Oscar por su interpretación), se permiten el lujo de recrear una serie de sensaciones que hacía tiempo que no se veían en ninguna cinta perteneciente a este género. Primero, y como peaje obvio, hay que dejar claro que durante gran parte del metraje veremos una sincera historia sobre la madurez y el cambio que se experimenta en las responsabilidades y la forma de entender la vida. La pequeña Mattie Ross viajará a través de yermas y frías estepas, opresivos bosques y congelados ríos, enfrentándose internamente a los verdaderos problemas y al dudoso sentimiento de justicia de la que se cree portadora (y que confundirá con la venganza), desvelándose y despojándose así de su capa más infantil, y atravesando el complicado mundo adulto de las decisiones y sus consecuencias, que en el peor de los casos, acaba con la misma muerte. Las diferencias entre la obra de Hathaway y la presente obra de los hermanos Coen, saltan a la vista. En el film de 1969 todo estaba contado y relatado con un tono más ligero, casi humorístico, evitando recaer en temas demasiado duros y profundos, pese a su contrastada historia y planteamiento inicial. En pleno 2011, y en manos de los Coen, dicho efecto y tono se difumina desde el mismo principio, otorgándonos una visión más fría y oscura, casi invernal, de los mismos sucesos. En este caso, es inevitable recrearse y deshacerse en halagos a la fotografía de Roger Deakins, verdadero artífice del aspecto cromático de la película, que acaba convirtiéndose en un personaje simbólico y opresivo, reflejo consciente y premeditado de lo que puede llegar a significar toda la naturaleza intrínseca de la obra.

Jeff Bridges está magistral en su interpretación del rudo y atávico Marshall, y aunque obviamente no es John Wayne, tampoco lo intenta. Bridges, actor con tablas que ha ido ganando con los años, y al que los hermanos Coen tienen absolutamente calado y amaestrado, ofrece una figura de western clásico fuera de tiempo, como si se tratase de un antiguo vestigio de cuando la ley y su representación (así como distintivo entre los forajidos) eran poco menos que meras estrellas brillantes ancladas en las solapas de unos pocos y solitarios hombres en medio del más salvaje oeste. El personaje de Rooster Cogburn es un compendio de los peores valores vistos y habidos (borracho, maleducado, violento y de aspecto sucio), pero cuya relación con la pequeña Mattie Ross, le brindará también su particular y climático momento de redención y catarsis, en lo que es una vuelta al verdadero elemento primordial y constante en toda la historia de Valor de ley: el cambio y el renacimiento personal.

Valor de ley es una película melancólica y trágica, plagada de referencias a las antiguas y veneradas obras maestras del género. A lo largo del metraje, veremos impecables reflejos y retazos al cine John Ford (verdadero referente del cine y del western crepuscular) siendo bastante evidentes los mostrados por los Coen en el inicio (Mattie Ross se acerca al ataúd de su padre de la misma forma en la que Hallie – Vera Milles- se acerca al féretro del personaje de Tom Doniphon -John Wayne- en El hombre que mató a Liberty Valance) o los vistos durante todos los minutos del tramo final (en los que será francamente imposible no acordarse de la obra maestra del género, Centauros del desierto), pero sin caer nunca en el homenaje gratuito o forzado. Estos sutiles homenajes cinematográficos, son simples trazas y pinceladas fantasmagóricas, que sobrevuelan la historia de manera velada y absolutamente espectral, sin entorpecer ni el desarrollo de la misma ni el de sus personajes, y que finalizarán de forma claramente alegórica y pictórica en los últimos minutos de la cinta, como partes de un recuerdo ya antaño olvidado.

Joel y Ethan Coen consiguen lo que muchos no esperaban: homenajear la película original, ser lo suficientemente fieles a la novela de Charles Portis (pese a los cambios introducidos) y ofrecernos un relato profundo, desolador y contenido, plagado de los grandes y esperados momentos habituales en el género. Y todo ello, a la vez que otorgan su factura y aclamado buen hacer cinematográfico en una historia llena de esperanza que arraigará a fuego (como los buenos relatos del oeste) en la memoria de todo buen aficionado.

Puntuación: 9 sobre 10
Crítica escrita por Alberto González

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Valor de ley, de Joel Coen y Ethan Coen, 10.0 out of 10 based on 4 ratings

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