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Traidor, de Jeffrey Nachmanoff

Jacobo Martínez

Mie, 11 Febrero 2009

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Tras diversos retrasos y contraprogramaciones, Traidor, dirigida y escrita por Jeffrey Nachmanoff, ha desaparecido de la parrilla de estrenos cinematográficos nacionales,  y muy probablemente irá directa a DVD… No obstante, os presentamos la crítica que teníamos preparada de este film politically correct.

Diríase que se veía venir, si recordamos el trabajo de su director como guionista en El día de mañana, aquel alarde de efectos especiales para mejor visualizar la devastación provocada por un cambio climático que nunca fue pero que ahí está, siempre amenazándonos como el apocalipsis contemporáneo.

Esta vez Jeffrey Nachmanoff trata de mostrarnos las interioridades de las tramas terroristas islamistas y las fuerzas contraterroristas estadounidenses en lucha, desde la perspectiva de un infiltrado, a la vez ex miembro de las Fuerzas Especiales del ejército norteamericano y fervoroso creyente musulmán. Para ello incluye Nachmanoff en el guión todos, absolutamente todos, los ingredientes ideológicos en liza, religiosos, políticos, policiales y sentimentales, que considera necesarios para que nada falte en su argumento, un encorsetado thriller en permanente equilibrio entre lo necesario –acabar con los terroristas malos- y lo deseable –hacerlo indoloro y con sumo respeto-. Traidor contiene todos los elementos necesarios para la corrección política que augura la nueva era Obama, a la hora de abordar el fenómeno terrorista y sus relaciones con el islamismo. Veámoslo, mientras intentamos sortear el spoiler:

Samir Horn (Don Cheadle), traficante en armas y explosivos, es detenido en Yemen cuando intenta vender su mercancía a un grupo subversivo y encarcelado junto con sus clientes. En prisión, merced a la solidez de su fe islámica, se gana la confianza del líder terrorista y este lo incluye en un plan de fuga que tiene éxito. Una vez lejos, gracias a la pericia que demuestra en la fabricación de bombas, Samir participa en el entrenamiento de terroristas suicidas y en la comisión de atentados, ganándose la confianza del terrorismo internacional contra los Estados Unidos. Su eficacia le vale la encomienda de proyectos mortíferos de mayor alcance, mientras el FBI le sigue la pista por todo el mundo. A lo largo de estas andanzas, la cinta va desgranando todos los tópicos del género: infiltrados, agencias contraterroristas que se ocultan información mutuamente, topos en lo más alto de la organización enemiga, relaciones afectivas, familiares, valores y creencias religiosas de los protagonistas, etc. Un larguísimo planteamiento que únicamente muy tarde, pasadas ya las dos terceras partes del film, se anuda y llega al desenlace.

Se trata de un film con un guión del que no sabemos a ciencia cierta si estamos viendo una cinta de acción, un thriller, o nos encontramos ante un conflicto de valores personales en un escenario de agentes secretos y creencias religiosas; las distintas alternativas se suceden a toda velocidad y cuando el espectador se dispone a recrearse en cualquiera de ellas, se queda con las ganas porque la cinta ya está en otra cosa. Y es una lástima, porque la factura de la película es impecable y la producción no escatima en medios materiales. Los variados escenarios resultan creíbles en todo momento y los constantes cambios de ambiente a que obliga tan apretado argumento nunca decaen. Lo mismo ocurre con Don Cheadle, actor valioso que recorre la película de principio a fin y sale vivo de tan pésimo papel. Su expresividad augura más y mejores films en el futuro porque posee un tirón garantizado. Lástima que deba interpretar esta vez a un hombre de acción que se resiste a serlo porque su alma se ve consumida de fe, mientras reparte mamporros, entre debate y debate ideológico con cada personaje que se le cruza en el camino.

Y nunca mejor dicho, esto de cruzarse, porque los personajes secundarios aparecen y desaparecen a toda velocidad, sin que sepamos muy bien cómo han llegado hasta allí. El guión va sacándose de la manga saltos en el espacio (Yemen, Francia, Estados Unidos, Inglaterra, Canadá…) de los agentes y de los terroristas, con una ligereza solo comparable a la de los diálogos que mantienen unos y otros. Unos diálogos que alcanzan su clímax en el más delirante, el que entabla Samir con el agente Roy Clayton (Guy Pearce), su perseguidor del FBI. Otro de los actores, este Guy Pearce, que pasa por la película sin pena ni gloria por causa de un papel desdibujado y confuso aunque no tan breve como el de Jeff Daniels, que más parece un cameo.

Habrá que esperar y ver si Jeffrey Nachmanoff nos ofrece en el futuro algún otro producto donde se limite a dirigir, que eso lo hace muy bien, una historia de película. Esta es solo apta para incondicionales de… no sabría decir qué género exactamente.

Análisis realizado por J.F. Sebastian para Cinefilo.es

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