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Skyfall, de Sam Mendes

Alberto González

Lun, 5 Noviembre 2012

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La última entrega del James Bond moderno, Skyfall, regresa a la pantalla grande con Daniel Craig y Javier Bardem a la cabeza como principales atractivos y reclamos. El refinamiento de una fórmula cinematográfica casi perfecta.

Skyfall era, para muchos expertos y conocedores de la franquicia del agente secreto, la prueba de fuego definitiva sobre el rumbo de la saga y del personaje. No era fácil encauzar en menos de dos películas -tres, si contamos la presente- a un espía que ha contando con tantas encarnaciones, directores, tonos y argumentos sobre sus espaldas. La recuperación de la saga, allá por 2006 con Casino Royale consiguió elevar el listón y recuperar ciertos aspectos olvidados por las películas anteriores -siempre hablando del James Bond más moderno, y dejando de lado a los clásicos-, procurando realizar un “borrón y cuenta nueva” en lo establecido hasta la fecha, a la larga, se ha demostrado tan efectivo como necesario. Al menos, a simple vista. Descontando el toque casi autoparódico de las películas de Pierce Brosnan -un gran acierto de casting que devolvió la fe a los espectadores gracias a su primera incursión en Goldeneye, pero que entrega tras entrega acabó cayendo en una espiral insana de credibilidad-, el nuevo James Bond de Daniel Craig ha conseguido varias cosas.

La primera, y más evidente, es que nos acabemos creyendo al personaje. Bond es, a día de hoy, un pétreo y complejo soldado espía al servicio de su majestad, lleno de demonios e inseguridades propias, envuelto en una resuelta e imponente fachada. Daniel Craig es el Bond que muchos esperábamos, y desatado o comedido -ambas facetas se prodigan bastante en esta Skyfall -, funciona a la perfección con esta nueva reformulación del personaje. La segunda, es el tono. No es fácil llevar las riendas de una franquicia tan longeva y heterogénea. Cada película, pese a obedecer a sus propias reglas y patrones -los famosos clichés y momentos de los films de James Bond son conocidos por todos, y enumerarlos daría para un artículo especial propio-, es hija de su tiempo y sus hacedores, siendo difícil encontrar una estabilidad entre tanta argamasa creativa envuelta y vestida en smoking. Skyfall prosigue la senda impuesta por Casino Royale, abogando por hacerse un hueco en el cine de acción y espías comercial, pero apostando por el elemento diferenciador de la calidad y la estética e incorporando como novedad, una buena dosis de madurez. Descontando el mediocre intento de Quantum of Solace -que acusaba un mal montaje, un peor guión y una duración paupérrima-, Skyfall consigue encontrar el rumbo correcto, apoyada por la incuestionable y meritoria labor de Sam Mendes (Camino a la perdición, Revolutionary Road) como ejecutor tras las cámaras -su labor en la dirección es digna de mención- y de Roger Deakins -director de fotografía-, verdadero artífice del aspecto visual de la película que consigue impregnar de un inolvidable aspecto algunas de las secuencias más inspiradas del film -y puede que de toda la franquicia hasta la fecha-.

El argumento de Skyfall, a simple vista, puede parecer manido, previsible y facilón. Sí, está recubierto con el mejor envoltorio hasta la fecha, pero no nos engañemos: lo es. Incorpora elementos, clichés y situaciones típicas en la saga -la pasión de Mendes por buscar un James Bond clásico en tiempos modernos se nota, y mucho-, se recrea en momentos de poco o nula importancia para la trama -quizás en la búsqueda de la citada elaboración de un James Bond más serio y maduro si cabe-, y tarda mucho en arrancar, con continuos devaneos por los países exóticos. Tiene momentos icónicos -Shanghái y sus rascacielos de cristal llenos de anuncios de neón y LEDs-, pero en general, el primer tercio del metraje cuesta algo digerirlo.

Pero llegados a un punto de cocción -que casualmente, se encuentra justo a mitad del metraje- la película comienza a rodar por inercia y a recoger algunos de los frutos sembrados en su primera bobina, llegando a mostrarnos secuencias dignas de mención -el impresionante tercio final en Escocia, que atesora un sabor a western clásico crepuscular, más propio de John Ford y el cine de los años cincuenta y sesenta que a otra cosa-. La irrupción -o el punto de inflexión- marcada por el villano Silva -Javier Bardem- consigue que, por primera vez en esta nueva etapa de 007, tengamos a un enemigo a la altura de las circunstancias. El personaje creado para el actor español funciona como catalizador de las acciones de Bond, llevándolo al límite, y mostrándonos una dualidad entre Daniel Craig y él, de lo más interesante -ambos son distintas caras de una misma moneda-. Sí, es un malo estereotipado y puede que vaya en contra de la tónica realista y con los pies en la tierra de esta nueva etapa, pero ¿y qué? James Bond, como saga, como franquicia y en última instancia, como película, necesita ciertos elementos básicos para funcionar como es debido, y uno de ellos -Aston Martin y chica deslumbrante aparte- es el villano de turno. Algo que las dos anteriores películas del espía, no tenían en su haber. Eso sí, los puristas de Bond puede que se sientan incómodos ante ciertos cambios en el decálogo y el aspecto del personaje -algo a lo que deberían estar más que acostumbrados tras la transgresora Casino Royale, pero nunca está de más avisar-. Pero que no salten las alarmas. Skyfall, en última instancia, y pese a sus fallos y cambios de ritmo -intencionados o no- es una película bastante entretenida. Sabe dosificar momentos memorables y consigue desencadenar y ofrecer al espectador unos últimos y brillantes minutos finales propios, paradójicamente, del cine clásico más moderno.

Parte de este éxito, indudablemente, viene dado por el veterano director de fotografía Roger Deakins. Skyfall es, sin lugar a dudas, la película de la saga más bella. Desde el trabajo en los diferentes y abiertos parajes naturales -y urbanos- en los que se desarrolla la película, a los momentos más íntimos y cercanos, Deakins confiere un tono único al film, consiguiendo que por momentos, se le pueda considerar como la cinta más compleja y cuidada -y ambiciosa- del año, y junto a la trilogía de Batman enarbolada y encabezada por Christopher Nolan y Wally Pfister -ganador de un Oscar por su trabajo de fotografía en Origen- es una de esas películas que merecen la pena -y mucho- ver en pantalla grande. Skyfall luce de maravilla tanto en digital como en 35mm -y en algunos casos 70mm, gracias a la copia hinchada para salas IMAX-.

Como película de acción -aunque deberíamos empezar a aceptar a las cintas de James Bond como un género propio, si es que no se hace ya-, atesora a su vez, complejas secuencias de acción, empezando por la prácticamente obligatoria escena de persecución iniciática entre coches, motos y trenes, los tiroteos y forcejeos milimétricamente calculados y coreografiados, que a posteriori desembocan en el fastuoso -pero íntimo al mismo tiempo- final en Escocia, pasando por los citados minutos transcurridos en Shanghái y ciertos momentos salpicados en Londres -que alcanza su máximo cenit visual en un taciturno y evocador plano de Daniel Craig en los tejados de la ciudad rodeado de ondeantes banderas de la Commonwealth-.

Como decíamos al comienzo, Skyfall era la prueba de fuego. Tanto para Craig -que pese a que muchos lo tenemos más que aceptado como el nuevo, único y verdadero James Bond, parece que siempre va a estar en un continuo periodo de prueba-, como para la franquicia. Y en cierta manera, la pasa sin problemas. Depura la fórmula iniciada por Martin Campbell en 2006 con Casino Royale, y borra de un plumazo los fallos encontrados en Quantum of Solace.

A su vez, incorpora elementos nuevos -en cierta manera, dadas las particularidades de la saga-, como un villano a la altura del agente al servicio de su majestad y una fotografía inusual -pero brillante-, que lograrán encandilar hasta al más recalcitrante fanático del personaje. Sigue arrastrando tics, como una imperiosa -y puede que repetitiva- necesidad de presentar a su protagonista como un héroe crepuscular, lleno de dobleces, traumas y sentimientos -algo que ya nos intuíamos tras dos secuelas mostrándonos eso mismo, y en grandes cantidades-, pero no es algo que se pueda arrojar a la mesa como un defecto demasiado grave, ya que en cierta manera, entendemos que se quiera reiterar el nuevo tono del personaje, sobre todo dado el carácter independiente en cuanto a argumento de esta entrega.

¿Es entonces Skyfall la mejor película de estas últimas encarnaciones de James Bond?

Sin lugar a dudas. Es la más completa, compleja y disfrutable. La que consigue ser un fiel reflejo y ejemplo de lo que el personaje de Ian Fleming llegó a significar en su día, y la que, por si fuera poco, también logra introducir dicha herencia mitológica propia e inherente a la franquicia justo al gusto de las audiencias actuales sin que sepa a pastiche demasiado rancio. Tiene su mérito.

Crítica escrita por Alberto González

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Skyfall, de Sam Mendes, 9.1 out of 10 based on 10 ratings

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2 Comentarios en "Skyfall, de Sam Mendes"

    Connery, Noviembre 6, 2012 | Permalink |
  • Yo diría más bien que es la cinta de Bond más sobrevalorada por los críticos. Una de las películas con menos acción de la saga y el villano con menos minutos en pantalla, llena de incoherencias en el guión y con una trama sospechosamente similar a “El caballero oscuro” de Nolan. Las chicas Bond son un mero florero sin personalidad. Sin duda es mejor que “Quantum of Solace” pero de ahí a compararla con los clásicos de la saga Bond, es un despropósito.

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  • ODRITA, Noviembre 26, 2012 | Permalink |
  • No me gusta la saga Bond, pero desde que Craig es el nuevo 007, ví las tres cintas protagonizadas por él. Son diferentes entre sí, y a la vez repiten la fórmula clásica de Bond. Skyfall es visualmente impactante, muy entretenida, y Bardem está perfecto en su rol. Ni hablar de Daniel Craig!!! El mejor, el más creíble y humano de los Bond.

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