¿Os acordais?: dÃa D, hora H. Las lanchas de desembarco, cargadas de infantes de marina, se acercan a las costas de NormandÃa. Las olas baten aquellos lanchones de usar y tirar, mientras los soldados, calados de agua de mar, callan, piensan, rezan, vomitan; se disponen a desembarcar en la playa Omaha (nombre de guerra) para librar batalla en suelo francés contra el ejército de la Alemania nazi.

Como única banda sonora, el fragor del mar y las voces de mando: instrucciones secas, cortas, dirigidas a soldados entrenados que saben cumplirlas. Las chapas metálicas de las compuertas se abaten para permitir a los marines llegar a la arena. Empieza el horror de la guerra.
Las cámaras, tenazmente, sin descanso, se empeñan en mostrarnos cómo los disparos de las baterÃas de costa alemanas diezman esa primera oleada de marines. Silbidos de bala, ráfagas de ametralladoras, explosiones, gritos de dolor, expresiones de miedo, de fe religiosa, de auxilio, de mando. Casi sentimos el peso de nuestro fusil y el uniforme empapado, el terror de las vÃctimas, la muerte de los compañeros,… Miembros mutilados, vÃsceras al aire, sangre, armas abandonadas, y soldados intentando protegerse del fuego tras de cualquier obstáculo, como queriendo enterrarse en la arena y desaparecer del punto de mira enemigo.

La intensidad de la acción era tal que el espectador -cualquier espectador- quedaba agarrotado en su butaca, prendido de las imágenes y el sonido, olvidando casi dónde estaba. Fueron veinte minutos en los que el vértigo de las imágenes impedÃa pensar. Una infinitesimal parte del horror y la confusión de una acción de guerra habÃan sido transmitidas al espectador por obra y gracia del cine actual, de la mano de un gran realizador: Steven Spielberg. Y como a un horror sigue otro, una vez tomada la posición enemiga por las tropas al mando del capitán Miller (Tom Hanks), los marines, enfebrecidos, disparan, abrasan y machacan al enemigo derrotado. La guerra en directo, casi.
La imagen, de repente, nos muestra un cuerpo caÃdo, muerto en la playa. En su mochila un nombre: Ryan. Su nombre es anotado por una oficinista del ejército de los Estados Unidos. Está preparando la notificación de la baja en combate a su familia. Pero esta mujer cae en la cuenta: ya son tres Ryan muertos los que han pasado por sus manos. De superior a superior, el hecho llega a lo más alto de la burocracia militar y, al fin, se da una orden: encontrar al soldado Ryan -el único de los hermanos que se supone vivo- y devolvérselo a su madre viuda, allá en la América profunda.
El resto podéis recordarlo vosotros mismos, si volvéis a ver Salvar al Soldado Ryan. Aquella perfecta pelÃcula de tema bélico estrenada un 18 de septiembre de 1998 y que ocupó durante meses la actualidad de nuestras carteleras. Gracias al DVD la rememoración de aquellos momentos de la segunda contienda mundial del Siglo XX llega en este film a un virtuosismo ejemplar. Nada escapa al control de una de las mejores direcciones artÃsticas. El campo de batalla, recreado en una playa irlandesa, los uniformes, las armas, los peinados y trajes civiles, el paisaje, las escenas de interior, … no hay nada descuidado, por accesorio que parezca. Es el poderÃo de la mayor máquina de hacer cine del mundo, puesto al servicio de un guión perfecto, de laboratorio.
Todos los medios de que se vale la industria del entretenimiento USA fueron puestos al servicio de esta idea de pelÃcula. PodrÃamos decir que rodar Salvar al Soldado Ryan fue una obra monumental, de equipo, tan compleja como lanzar un satélite al espacio o navegar un portaaviones. Los buscadores de detalles imperfectos lo van a tener muy difÃcil en esta ocasión: un guión polÃticamente correcto, inatacable desde cualquier punto de vista -religioso, moral, polÃtico-, un color y unas imágenes que parecen un condensado de los reportajes de guerra que se filmaban a medida que avanzaba el ejército estadounidense, la banda sonora del genial John Williams (Indiana Jones, Tiburón), unos actores impecables que incluso recibieron entrenamiento militar para familiarizarse con las armas que iban a manejar durante el rodaje, todo, absolutamente, bajo control eficaz para producir el más ambicioso film bélico.

Steven Spielberg se ha consagrado ya como el autor oficial de los grandes temas épicos de aquella nación -los Estados Unidos- en la historia contemporánea. A la ejemplar Lista de Schindler siguió la fracasada Amistad para, por fin, recuperarse con ésta cinta. El nazismo y sus horrores, la esclavitud y la liberación mundial del autoritarismo por la fuerza de la democracia. La trayectoria es elocuente y no ofrece dudas. Pero que Spielberg sea un estupendo vendedor de grandes temas no resulta un defecto si el hecho se añade a la realización de films como los suyos, de rara perfección. Podemos considerarlo un valor añadido, un rasgo de oportunidad, pero no un defecto. Si nos gustan las superproducciones hemos podido, ahora, disfrutar con este compendio total del cine de hazañas bélicas.
Y en cuanto al género, tan denostado a veces por la critica, de las “de guerra”, no cabe duda que Salvar al Soldado Ryan excede con mucho a las acostumbradas pelÃculas “de general famoso”. Aquà el protagonista no es un caudillo militar, no es un héroe providencial y liberador que nos salva del maligno Adolf Hitler. Aquà no hay héroes ni villanos: sólo hay soldados que luchan, hijos de sus madres, paisanos, a los que la guerra, el mundo, ha colocado en situación de pelear y de vivir o morir. ¿Que la cinta es un canto patriótico a los Estados Unidos? Lo es, qué duda cabe. Trata de eso, de una guerra en la que lucharon ellos, y de forma decisiva, en suelo europeo. Nos cuenta un trozo minúsculo de historia y la eleva a categorÃa. Es su privilegio.

Steven Spielberg quiso hacer una pelÃcula reportaje, una producción que, al modo de los reporteros de guerra, contara hoy al mundo lo que fue aquella epopeya. Suponemos que las exigencias comerciales pudieron más y al final quedó lo que veis, una historia cinematográfica en tono documental. Técnicamente perfecta y tal vez más discutible en lo tocante a ese punto de magia en el cine que a veces se consigue, cuando el film cruza la barrera de la técnica para entrar en el arte, y otras no; ese punto que el espectador buscaba y quizás no encontró. Le quedó una pelÃcula cÃvica, para el recuerdo, para la memoria colectiva del Siglo XX. Muy en la lÃnea de la meritoria labor que está haciendo, ya desde años atrás, el propio Spielberg: grabar y guardar los testimonios audiovisuales de los cientos, miles, de supervivientes de los campos de exterminio nazis. Para que nadie olvide el Holocausto. Para que la memoria no flaquee.
Anotación de Cinefilo: Salvar al Soldado Ryan tiene una puntuación media de 9 sobre 10 en casi todas las webs y revistas de prestigio mundiales, y no es para menos. Aunque hoy en dÃa sus artificios técnicos ya no sorprenden de la misma manera que hace 10 años, sigue siendo una obra cumbre del cine bélico que quedará para la posteridad.
Nota sobre el artÃculo y el autor: Esta crÃtica fue escrita en el año 1.999 por J.F. Sebastian para la antigua web de mundodvd (ahora convertida en foro).
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