El director de la aclamada Hairspray regresa al terreno de los musicales con la adaptación del éxito de Broadway Rock of ages, un megamix de éxitos del rock en torno a los cuales se ha construido una historia más bien endeble al más puro estilo Mamma mÃa!, y cuyo mayor atractivo reside en la actuación de Tom Cruise parodiando al lÃder de los Guns n’ roses Axl Rose.
Adam Shankman, pese a tener ya bastantes tablas en la dirección, es desde sus orÃgenes un excelente coreógrafo, con lo que el género musical le viene como anillo al dedo tal y como pudo demostrar con el gran éxito de crÃtica y público de Hairspray. No es de extrañar que tomara las riendas de este proyecto con garra e ilusión, y lo cierto es que las expectativas puestas en él por los amantes del género estaban bastante altas con este precedente.
Sin embargo, Rock of ages es, lamentablemente, una pelÃcula bastante del montón si nos atenemos al guión y el desarrollo de su historia, compuesta Ãntegramante para meter con calzador una retahÃla de soft-rock de gran éxito en los años 80 procedente de bandas tan aclamadas como Poison, Twisted sister, Foreigner, Bon Jovi, Extreme o Journey, y dejándose en el escenario de Broadway otros como el mÃtico Final Countdown de Europe. Esto repercute en un cuento harto visto ya lleno de topicazos y estereotipos con margen nulo para la sorpresa: Chica de pueblo llena de ilusiones que viaja a la gran ciudad para triunfar en la música (¿Alguien dijo El bar coyote o Burlesque?) donde conoce a chico guapo, se enamoran perdidamente bajo las alas de la música, y ocurre algún malentendido que los separa para que al final todo se arregle y vivan happily ever after. Lo dicho, el colmo de la originalidad.
Afortunadamente, Rock of ages no se queda solamente en eso, ni en una mera compilación de temas más o menos conocidos (especialmente para el público norteamericano), sino que hace una inteligentÃsima combinación de los temas escogidos para la producción (por poner un ejemplo, el More than words de Extreme y el Heaven de Warrant) junto con una vibrante, inspirada y espectacular puesta en escena (El Dead or alive de Bon Jovi en voz de Tom Cruise o el Any way you want it de Journey interpretado por Mary J. Blige). En ese aspecto, la pelÃcula cumple su cometido con creces: absorber al espectador en un magnÃfico y absorbente torrente audiovisual.
En el terreno interpretativo, resulta francamente curioso que el lazo principal de la pelÃcula (la historia de los personajes de Diego Boneta y Julianne Hough) nos dé más bien lo mismo, y que quien robe indudablemente el show sea el no-tan-secundario papel de Tom Cruise, increÃblemente divertido en un registro poco común para él (aunque ya demostrara que ganas de reÃrse no le faltaban en su icónico papel de reparto en Trophic Thunder), en la piel de la leyenda del Rock Stacee Jaxx, un rockero más que pasado de rosca que vive del exceso y la excentricidad, y donde aprueba con nota: Impagables las escenas cómico-erótico-festivas que se marca junto a Malin Akerman mientras interpretan More than words, por no mencionar que a sus 50 años el Sr. Cruise se pasa prácticamente la pelÃcula entera a pecho descubierto, un pecho que serÃa la envidia de muchÃsimos veinteañeros.
Es necesario también hacer hincapié en el más que interesante papel de groupie despechada reciclada en ultraconservadora (y cornuda) esposa del alcalde de Los Angeles que interpreta brevemente Catherine Zeta-Jones, muy sobreactuado (para bien, afortunadamente) y que aporta algunos de los momentos más tronchantes de la cinta: simplemente genial la interpretación del Hit me with your best shot de Pat Benatar en la iglesia, o el medley de We built this city de Starship y el We’re not gonna take it de Twisted sister.
Al margen de las estrellas del show ya citadas, es una pena que el resto del reparto o bien no se luzca lo más mÃnimo (Alec Baldwin y Russell Brand, que solamente tienen un momento filogay interesante con el Can’t fight this feeling de REO Speedwagon), sean simplemente patéticos (Paul Giamatti, tanto vocal como interpretativamente) o estén ahà solamente para lo que saben hacer (Mary J. Blige, de prodigiosÃsima voz, pero que no aporta nada más a la cinta), y ahà sà que da la sensación de que Rock of ages es una pelÃcula bastante desaprovechada.
En definitiva, El film es puro y superficial entretenimiento de primera categorÃa pensado sobre todo para la generación Glee (serie para la cual, por cierto, Shankman ha dirigido dos capÃtulos hasta la fecha) en forma y fondo, y cuyo tema abanderado es curiosamente el Don’t stop believing de Journey. Divertida, simpática, vacua, y eso sÃ, afortunadamente, una delicia para cualquier amante de los musicales. Muy, pero que muy recomendable.
Noticias relacionadas: