Cinco años después de El Reino de los Cielos (Kingdom of Heaven, 2005), el director Ridley Scott regresa -junto a Russell Crowe- al cine histórico con Robin Hood, su particular visión del hombre detrás de la leyenda del folclore inglés medieval, que el pasado miércoles inauguró la 63ª edición del Festival de Cannes.
Robin Hood ha sido y seguirá siendo, desde su primera aparición en el mundo del cine en 1912, uno de los personajes que más encarnaciones tendrá en el séptimo arte. Es una de esas figuras que tarde o temprano, y de forma irremediable, acaparan la atención de escritores, actores, directores y productores. Desde la versión más clásica de Errol Flynn en Robin de los bosques (The Adventures of Robin Hood, 1938), pasando por la versión animada, Robin Hood de la factorÃa Disney (dirigida por Wolfgang Reitherman a principios de la década de los setenta); hasta la versión más reciente que Hollywood y el cine de gran alcance han podido ver durante los últimos tiempos, Robin Hood: PrÃncipe de los ladrones (Robin Hood: Prince of Thieves, 1991), dirigida por Kevin Reynolds, y protagonizada por Kevin Costner y Morgan Freeman.
Ahora se une a todos y cada uno de ellos Ridley Scott, con una producción titulada de forma inicial como Nottingham, y con la que no ha escatimado en gastos a la hora de recrear las tierras inglesas y francesas del siglo XII d.C. Dos cientos millones de dólares (aprox.) se ha gastado Universal Pictures en Robin Hood, y lo cierto es que la virtud más destacable de la pelÃcula es precisamente la fuerte presencia de su presupuesto en todos y cada uno de sus fotogramas.
La recreación de la Inglaterra (y parte de Francia) del siglo XII d.C. en todos sus aspectos significan un auténtico festÃn para los ojos, desde el vestuario diseñado por la ganadora del Oscar por Gladiator, Janty Yates, hasta la construcción de imponentes sets (castillos, poblados, interiores…), que sin duda justifican el dinero que Scott, Crowe y el productor Brian Grazer (Una mente maravillosa) han invertido en la pelÃcula.
Sin embargo, el irregular libreto de Brian Helgeland (Green Zone: Distrito protegido) no está a la altura del despliegue técnico que vemos en pantalla. El ritmo de la pelÃcula es un desastre, más allá de los clÃmax que le dan algo de vida a la historia, donde Scott -no muy fino en demasiadas ocasiones: poco riesgo, mucho conformismo y algunas decisiones algo desconcertantes (esos zooms tan antiguos como innecesarios…)- vuelve a recrearse en batallas a caballo, lanza y espada (y flechas, cómo no) que cumplen de forma eficaz con su cometido.
La apuesta por contarnos los orÃgenes del personaje no termina de cuajar en ningún momento, ofreciéndonos una historia de lo más descafeinada, falta de alma e intensidad, y que termina por hacerse ciertamente plomiza entre conspiraciones polÃticas y desmitificaciones de personajes a destajo. Es precisamente el protagonista (un Russell Crowe que hace lo que puede) quien aturde el relato, a causa de una imperante carencia de empatÃa y motivaciones suficientes como para mover más de dos horas de metraje (digamos que el concepto de la justicia queda un poco difuso).
Es entonces cuando uno se pregunta si era realmente necesario todo el tiempo invertido, más allá del entretenimiento que aportan las batallas y el deleite visual de la recreación histórica. Y más cuando la pelÃcula comienza a ponerse interesante justo cuando se va a terminar.
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5 Comentarios en "Robin Hood, de Ridley Scott"
No estoy en nada de acuerdo con vuestro analisis, este Robin Hood nos devuelve el concepto de aventura clasica hace tiempo perdido. Actores, producción y sobre todo dirección cumplen perfectamente para hacer una pelicula espectaculo de lo mas entretenida, aventuras, romance e intriga perfectmente mezclados. Una buena pelicula dado los malos tiempos que corremos.
Borja
Aburrida cinta sobre un héroe muy manido demasiado versionado en el cine, realmente no hacÃa falta otra cinta sobre Robin donde encima copian la trama de “Gladiator” y hay una vergonzosa batalla final en plan desembarco en Omaha versionado por Spielberg con su soldado Ryan
GRAN DISGUSTO en lo que a mi persona se calumnia en esta versión.
La cantidad de mentiras y falacias vertidas sobre mi persona es intolerable. Aprovechar una pelÃcula de aventuras de Robin Hood para ponerme a parir sacando a relucir el tema de la matanza de prisioneros de Acre, cuando Saladino ejecutaba cortando cabezas cristianas como el que más. Aquà para quedar bien los cristianos hay que dejarse matar.
Aquà en lugar de hacer cruzadas teniamos que haber dejado que la yihad sarracena siguiera asaltando las costas de Italia, Provenza y Cataluña. Y que los turcos que invadieron Asia Menor 20 años antes de la I Cruzada eran gentes buenas que sólo querÃan tomar Constantinopla pero sin mal rollo, matando con tolerancia. Y cuando inventamos las cruzadas se escandalizan porque queremos contraatacar, increÃble.
Pero es que además el Ridley éste me pone de ególatra, prepotente, que mis hombres luchan por mÃ, y que no les pago porque soy un tio que mola y vamos saqueando ciudades, pero que montón de sandeces estás contando Ridley Scott, te has quedado a gusto manipulando mi persona parar denigrarme, quien te habrá financiado.
Totalmente de acuerdo con la crÃtica de Delgado.
La pelÃcula es tan colosal en medios como pobre en imaginación.
El guion es una pena, de lo más desaprovechado, ni siquiera tiene un poco de humor.
Una pena de oportunidad desperdiciada. Con lo buenas pelÃculas que han hecho Ridley Scott y Russell Crowe.
Una escena de un beso entre Russell y Blanchett lo debÃan haber repetido, salvo que a Ridley ya no le interese hacer las cosas bien.
El único que se salva es Max von Sydow, venerable.
He visto la pelÃcula ayer; la impresión principal: mucho miedo en los productores y en el director, que no creen en su propósito y hacen lo posible por no tirar un montón de dinero. El guión es infantil, en el peor de los sentidos, llegando a lo ridÃculo (la escena final de la protagonista llegando a la playa cubierta con una armadura que casi la dobla y seguida por una cohorte de niños ninja merece un lugar privilegiado en el museo de las grandes memeces del cine; como cuando Hitchcock pretende matar a Gary Grant atropellándolo con una avioneta…). Para verla sin demasiado desasosiego hay que apagar el cerebro y abrir los ojos: la fotografÃa es estupenda, y la recreación de la época, muy buena; los actores, primeros espadas, llenan la pantalla, aunque siempre queda una impresión de “pasaba por aquÔ (¿qué van a hacer los pobres con ese guión?)