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Prometheus, de Ridley Scott

Alberto González

Vie, 3 Agosto 2012

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Prometheus, la esperada película de ciencia ficción del veterano y venerado director Ridley Scott, llega a nuestras pantallas. Descubre con nuestra crítica especial las claves de lo que podría considerarse un nuevo punto de partida cinematográfico al universo que él mismo creó.

Es difícil, muy difícil, pensar, escribir o hablar del género de la ciencia ficción en el séptimo arte sin mentar o nombrar a Ridley Scott. El director inglés ha hecho mucho por la aceptación de la ciencia ficción como género formal, maduro y a considerar por el espectador, y a la vista, tenemos sus dos principales obras. Dejando a un lado la eterna y mítica Blade Runner, Sir Ridley Scott consiguió, hace treinta y tres años, lo imposible. Refundar y establecer una serie de bases y elementos con una película que a la postre, lo cambiaría todo: Alien, El octavo pasajero. Ahora, con perspectiva y tiempo, es fácil entrar a valorar lo que supuso la segunda película del director -muchos tienden a olvidar esa obra desconocida que es Los duelistas-, pero en su momento, más allá del estupor inicial -el público acudió de forma masiva al estreno de la cinta de Scott y la crítica se volcó favorablemente con ella- era muy complicado entrever lo que la primera entrega de Alien supondría para el género de la ciencia ficción y en definitiva, para el cine en general.

Con Alien, El octavo pasajero, Ridley Scott entretejió y preparó, casi de casualidad -la convulsa producción del film es una de esas historias que darían luz a un extenso artículo propio- la fórmula cinematográfica definitiva que revitalizaría las películas “de monstruos”, algo no especialmente sencillo, sobre todo teniendo en cuenta los antecedentes -casi la mayoría de las películas anteriores a Alien eran consideradas de serie B-. Gracias a un excelente punto de partida, y a un planteamiento inicial repetido a la postre en más de un millar de películas -que la tomarían como ejemplo-, Scott consiguió volcar el interés del espectador en la tripulación. Centrándonos en los personajes creados por Walter Hill y David Giler, y gracias al irrepetible reparto – John Hurt, Ian Holm y la que sería la futura heroína de la franquicia, Sigourney Weaver-, el director inglés estableció una atmósfera de pesadilla, tan tangible como real, donde la tripulación de la Nostromo se convertía en algo más que un simple conglomerado de carne para alimentar al incómodo tripulante extraterrestre. Con una dilatada y pausada presentación de los hechos, Ridley Scott captaba y enfocaba la atención minuto a minuto -sin ceder ni mostrar un solo ápice o atisbo de lo que mostraría en el terrorífico segundo segmento de la película- en el devenir de la tripulación, que por casualidades del destino, aterrizaba en un planeta hostil y alejado de la Tierra al recibir una misteriosa llamada de auxilio. Hablar de Alien, El octavo pasajero, también es hacerlo de H.R. Giger, diseñador y artista suizo al que le debemos cientos de pesadillas originadas por la icónica, letal e irrepetible criatura nacida de sus oscuros y turbados pensamientos. Para la posteridad quedan esas secuencias a bordo de la nave abandonada -germen indiscutible para esta Prometheus- y de esas interminables y sombrías escenas en los oscuros, fríos y metálicos pasillos de la Nostromo. Con semejante cúmulo de aciertos -frutos de la suerte o no- Alien, El octavo pasajero, pasaría a la historia como una leyenda del séptimo arte, y como una muestra irrefutable del talento de su director.

Más de treinta años después, volvemos al punto de partida. A donde empezó todo. O al menos, en parte. Ridley Scott, campañas de publicidad y marketing a parte, jamás ha ocultado su interés por expandir y explicar ciertos aspectos desconocidos del mundo donde se desarrollaba la citada Alien, El octavo pasajero. Los productores, obviamente, tampoco. Por cuestiones de agenda, prioridades y dificultades técnicas -que van desde el presupuesto, al avance y la imposición de las nuevas tecnologías para contar debidamente su deseada historia-, el proyecto se fue enterrando y descartando sucesivas veces, mientras la franquicia que inició a finales de los setenta, proseguía su propio camino, con varias secuelas de calidad discutible -Aliens: El regreso de James Cameron sigue siendo la obra de referencia- y con algún que otro experimento que no terminó de salir bien. Así pues, cuando Scott, en una hábil e inteligente jugada prometió arrojar respuestas a las dudas -inconscientemente planteadas- acumuladas alrededor de la criatura, la nave abandonada en aquél planeta hostil y su misterioso y fosilizado tripulante, el mundo enloqueció. Aunque quizás, no de la manera correcta. Ciertamente, las premisas para Prometheus, eran ideales y muy interesantes de cara al espectador, que se vería, tras años de especulación y teorías, con las respuestas en su mano. Y es que Prometheus, trata precisamente sobre las respuestas a las preguntas más recurrentes y profundas realizadas por la humanidad. “¿Quiénes somos?” “¿De dónde venimos?” “¿A dónde vamos?” y la no menos interesante, “¿Estamos solos en el universo?” Hacer una película con semejantes interrogantes como punto de partida no era tarea fácil, y desde el primer momento, queda bastante claro, que Prometheus es una película muy ambiciosa que parece acabar engullida por su propio planteamiento, y que termina, paradójicamente, propiciando y formulando más preguntas que respuestas por culpa de un guión demasiado convencional -para descontento de muchos-.

El punto de partida, y la sipnosis principal de Prometheus nos lleva al año 2089, donde un grupo de científicos y arqueólogos -encabezados por los personajes de Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y Charlie Holloway (Logan Marshall-Green)- descubren lo que parece ser un patrón o mapa estelar idéntico en varias culturas y civilizaciones antiguas, sin haber estado ellas en contacto y perteneciendo a periodos diferentes de la historia de la humanidad. En dichos restos arqueológicos, unas misteriosas y enormes figuras antropomórficas parecen invitarnos a reunirnos con ellas, sirviendo esto como base definitiva para la respuesta de que no estamos solos en el universo. Apoyados por los recursos y la inestimable ayuda de Peter Weyland -fundador de la famosa compañía, que acabaría convirtiéndose en la temida y enorme Corporación Weyland-, un diverso grupo de científicos, arqueólogos y exploradores, tutelados y vigilados de cerca por la directora de equipo Vickers -Charlize Theron- y el androide David -Michael Fassbender-, se dirigirán, a bordo de la nave Prometheus, al encuentro con nuestros creadores con la intención de responder a las grandes preguntas sobre el origen de la humanidad.

Prometheus arranca con pulso firme, con una secuencia inicial reveladora y de vital importancia para el devenir posterior de la trama, introduciéndonos, de manera magistral, en un universo complejo y tan grande que no somos capaces de abarcar. Scott, en apenas unos segundos, y sin necesidad de diálogos o secuencias explícitas, presenta el tema principal de la película y sobre el que cimentará gran parte de la primera hora del metraje con unas imágenes de impactante y sobrecogedora belleza. Posteriormente, dicho leitmotiv teológico sobre la relación con nuestros creadores o hacedores -definición que creo es bastante acertada a la hora de resumir la película-, se repetirá con diversas vertientes y consecuencias, impregnando a todos los personajes involucrados en la misión de la nave Prometheus -especialmente al de Elizabeth Shaw-. En cierta manera, podríamos decir que Prometheus atesora dos películas en una. La primera, es una excelente cinta de ciencia ficción sobre el papel del ser humano en la creación y el universo, sobrevolando así el guión una y otra vez, alrededor de las creencias personales más profundas y arraigadas en la conciencia de cada uno de nosotros, y en los conflictos consecuentes a los que nos dirigen en el momento de defenderlas. Impagables son los prematuros compases del film, que al igual que Alien, El octavo pasajero, se toma su tiempo en arrancar. Ridley Scott dispone las piezas sobre el tablero con meticulosa precisión -casi de cirujano- y nos invita a relacionarnos con la tripulación y su forma de abordar la incertidumbre a la que se someterán de manera inexorable una vez lleguen al planeta. Especial mención merece el personaje de David -Michael Fasbander crea de la nada a uno de los mejores y más inquietantes androides jamás vistos en la pantalla-, con el que recorreremos la nave protagonista que da nombre a la película, y que nos mostrará su día a día en sus labores de cuidado, mantenimiento y ocio a lo largo de la cubierta de la Prometheus -ojo a como Scott introduce un curioso guiño metacinematográfico relacionado con Lawrence de Arabia, pues será recurrente en varios momentos de la película-. David también dará una curiosa perspectiva y necesario punto de vista, la de una curiosa y ávida criatura artificial y sintética, ajena a todos los terrores, temores y dudas que atormentarán a la tripulación. Su aportación al argumento de Prometheus se nos antoja vital, y por momentos, nos recordará a otras inteligencias artificiales legendarias dentro del género de la ciencia ficción, como Hal -2001: Una odisea en el espacio-. Estos minutos iniciales son verdaderamente maravillosos, y transportan al espectador a un mundo tan real como cercano y tangible -pese a desarrollarse la trama en un futuro distante-, y por momentos, salvando las enormes distancias que separan a una película de la otra, Ridley Scott hace suyo lo mejor de Stanley Kubrick -director de la anteriormente mencionada 2001, de la que toma muchísimas referencias- y lo presenta y muestra -visualmente hablando, sobre todo- a su manera. Pocos directores, muy pocos, pueden presumir de semejante pulso y talento, y Scott, con una dilatada experiencia en el campo de la ciencia ficción, es uno de ellos.

Desgraciadamente, este buen hacer cinematográfico se desvanece llegados a cierto punto de inflexión en la trama -que cambiará a su vez el rumbo de la misión principal de los tripulantes de la Prometheus- derrumbándose así, como si de un castillo de naipes se tratase, todos los aciertos construidos y cimentados en la primera parte de la película. Desde ese instante, el guión comienza a hacer aguas por varios frentes simultáneamente, mostrándonos una cinta apresurada, mal encauzada y horriblemente planteada. Al contrario que Dan O’Bannon -guionista de la primera Alien-, Damon Lindelof no sabe que hacer con los personajes que no tienen especial peso en la trama, y los mueve de un lado a otro, convirtiéndolos, paradójicamente, en meras marionetas de los trágicos sucesos. De nada servirán los consabidos giros de guión -forzados, y de una ridiculez pasmosa para tratarse de una película madura-, ya que, una vez comiencen a hacer efecto y a desarrollarse debidamente, nos encontraremos de bruces con el final de film. Sí, hay algún que otro momento de lucidez, pero el resultado es a todas luces, decepcionante. Sin pensar mal, diremos que parece una maniobra un tanto sucia -aunque predecible, al fin y al cabo- de posponer ciertos elementos, interrogantes y dudas para una futura secuela o segunda parte de la misma, tal y como proyectó y especificó Scott en principio.

Prometheus incorpora varios aciertos en su vertiente artística y técnica. Uno de ellos, es la sabia utilización de la tecnología en 3D. Sin exagerar, se puede decir, casi sin temor a equivocarse, que el rodaje en tres dimensiones de Ridley Scott es el más acertado de cuantos hemos visto hasta la fecha. El director de Blade Runner o Gladiator sabe donde colocar la cámara para atraer la atención del espectador, añadiendo varias capas de profundidad y detalle a las secuencias, que brillan especialmente cuando Scott desata su vena más épica y grandilocuente. Quizás el 3D no es imprescindible para ver la película, pero sí es todo un aliciente que favorece -y mucho- a inmiscuirse profundamente en la trama y el escenario de la cinta. En cuanto al diseño, hay que aclarar que Prometheus es una de las películas de ciencia ficción más imaginativas y atractivas jamás vistas. No es original, cierto -ya hemos dicho que toma prestadas muchísimas referencias de 2001: Una odisea en el espacio o Avatar de James Cameron- pero lo cierto es que sabe conjuntarlas de manera coherente y realista de cara al espectador -el interior de la Prometheus es buena muestra de ello, ya que mantiene la tradición de Scott de rodar en escenarios y sets con medidas reales y tangibles-, que en más de una ocasión, se planteará si lo que está viendo en la pantalla es real o no. La banda sonora -de Marc Streitenfeld, con el que el director ya trabajó en American Gangster- cumple, e incluso, nos regala un tema principal -muy original- de inusitada e inesperada belleza.

Es complicado clasificar a una película como Prometheus. Por una parte, todo aquel espectador que vaya con la intención de ver una precuela convencional de Alien, El octavo pasajero, deberá hacer acto de constricción y esperar algo completamente diferente, ya que, aunque Prometheus comparte ciertos puntos de la mitología y “el ADN” -palabras textuales de Ridley Scott- de la película del 1979, tiene una personalidad y un tono radicalmente opuesto y diferente que la hace única y especial. Los que esperen preguntas y respuestas, como si de un libro fundacional y sagrado se tratase, puede que se encuentren decepcionados, porque Prometheus aborda ciertos temas y se hace ciertas preguntas que no serán del agrado de todos. Quizás el despiste al que jugó el propio Scott durante el rodaje y la producción de esta nueva aventura sea perjudicial -y a la postre, mortal- para una película que, pese a que tiene varios aciertos destacables, y una primera parte del metraje digna del mejor cine del género, acabará siendo engullida por su propia ambición como en la historia del famoso mito griego de Prometeo en el que de manera evidente, se basa esta fallida cinta.

Crítica escrita por Alberto González

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Prometheus, de Ridley Scott, 8.4 out of 10 based on 10 ratings

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1 Comentario en "Prometheus, de Ridley Scott"

    Caním, Enero 2, 2013 | Permalink |
  • Una película que no está bien encauzada, que sus personajes no saben ni a dónde van, que los giros de guión están sacados de la manga no puede ser puntuada con un 8.1

    VA:F [1.9.10_1130]
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