A mediados de la década de los noventa, Richard Linklater estrenó una pelÃcula sobre dos personas que se encuentran sin conocerse de nada, y deciden pasar la noche juntos, paseando por Viena y hablando de mil y un temas. Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy) establecen asÃ, en Antes de amanecer, una conexión especial entre los dos, única y verdadera. Entre ellos nace el amor, aún y cuando no lo saben, o simplemente fingen no saberlo.

Es precisamente este tipo de relación la que trata Joel Hopkins, con telón de fondo en Londres y con la media de edad de sus protagonistas mucho más avanzada, con todo lo que ello conlleva (la esencia y la premisa no es ni mucho menos la misma que en la pelÃcula de Linklater), en Nunca es tarde para enamorarse (Last Chance Harvey).
Hopkins explora a sus dos protagonistas primero por separado, ahondando en sus conflictos interiores y en sus rutinas. Más tarde, Harvey (Dustin Hoffman) y Kate (Emma Thompson) se encontrarán de forma esporádica, casi calcada en cierto modo en maneras al primer encuentro de los amantes de Antes de amanecer, y seguirán su viaje interior juntos, desconociendo las consecuencias que ello traerá en sus vidas.
Aquà reside la mejor virtud de Nunca es tarde para enamorarse. Logra plasmar con exactitud -aún y cuando en ocasiones abusa de elementos humorÃsticos- la frustración en la mitad de la madurez de la incapacidad de adaptarse, del conformismo que a la larga trae consecuencias negativas, y en definitiva de aquella sensación tan desagradable de tener la constancia de que las oportunidades que se te están brindando, tanto a nivel profesional como personal, son las últimas.
Junto con esta gran habilidad de plasmar esa cara de la vida que no queremos ver ni en pintura, encontramos las otras dos grandes virtudes de la pelÃcula: Dustin Hoffman y Emma Thompson.
Teniendo en cuenta que la pelÃcula está escrita especialmente para Emma, y que ésta pensó ipso facto en su compañero de reparto en Extrañas coincidencias para el papel de Harvey, no es de extrañar que el engranaje cuando ellos están juntos en pantalla funcione sin imprevistos.
Los dos están simplemente espléndidos. Su quÃmica no fingida traspasa la pantalla, encandila y hace que queremos y deseemos lo mejor a los personajes que se están “desnudando” frente a nosotros. Ellos son la pelÃcula, como nos dice de forma explÃcita el cartel, y por ellos y nadie más hemos pagado la entrada.
Es una verdadera lástima que ellos sean la principal y única atracción de Nunca es tarde para enamorarse, puesto que Hopkins, inesperadamente, recurre a tópicos de lo más manidos y descarados, sacados de comedias románticas dignas de Sandra Bullock o Jennifer Aniston, para hacer avanzar la trama. Mientras disfrutamos de la compañÃa de Hoffman y Thompson, el contenido nos aburre, no nos interesa, y nos acabamos quedando antes con el envoltorio del caramelo que con el caramelo en sÃ. Ésto provoca que, si no te interesa para nada a la hora de pagar la entrada la quÃmica o la compañÃa de esta pareja de grandes intérpretes, Nunca es tarde para enamorarse se convierta en un producto de lo más prescindible y, lamentablemente en todos los casos, previsible.
Valoración: 5 sobre 10
CrÃtica escrita por Rafa Delgado
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