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Lost, de J.J. Abrams. ¿Un final digno?

Jacobo Martínez

Mar, 25 Mayo 2010

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Aunque somos conscientes de que Cinéfilo (su nombre bien lo indica) es un portal centrado en el mundo del cine, casi nos parecía obligatorio dedicarle un pequeño análisis al final de Lost, sin duda un claro ejemplo de lo que (al menos a nivel narrativo) no está bien hacer con el espectador. Aquí os dejamos nuestra retrospectiva y conclusión de una serie que se quedó a un paso del Olimpo, pero que será siempre recordada.

Es difícil hablar de una serie con objetividad cuando has sido seguidor de la misma durante seis largos años, y más aún cuando se ha convertido en un fenómeno de masas de tal envergadura. Pero voy a dejar por un momento mi lado “fan”, y voy a procurar ser lo más justo posible en mi valoración. Para ello os invito a echar la mirada atrás, ver lo que era Lost al principio y en lo que derivó.

Lo que fue Lost, un paso arriesgado e innovador:

Está claro que vivimos en un mundo televisivo diferente gracias a series como Perdidos, capaces de robar audiencia y expectación a eventos deportivos de gran calado y estrenos cinematográficos muy sonados. Antes de la “era Lost” ninguna serie hubiese querido competir con un partido importante de fútbol o una final de baloncesto. Ahora, después de su paso, sucede al contrario.

Pero vayamos por partes y empecemos por el origen del fenómeno: Su primera fecha de emisión fue septiembre de 2004 (Estados Unidos, cadena ABC), como un proyecto impulsado por el productor ejecutivo J.J. Abrams, un tio con billetes que ya había demostrado su espíritu “indie” con series como Alias. El tío, que quede bien claro, tenía una idea arriesgada y estaba dispuesto a poner su propio dinero. La mayoría lo hacen con el dinero de otros. Y claro está, para tu hijo quieres lo mejor: el presupuesto de Lost era una cifra que -antes de conocer su éxito- habría mareado a cualquier promotor de teleseries americanas. Los mejores actores, las mejores localizaciones, los mejores escenarios, los mejores escritores.

¿Arriesgada? Así es. La idea de un grupo de supervivientes en una isla, mal guionizada, narrada, o rodada podía no haber dado ni para una temporada. De hecho, podía haber sido cancelada tras el piloto. Pero Lost no sólo contaba con dinero detrás. Como bien sabemos, el episodio piloto fue un bombazo, y el boca-oreja hizo el resto (recordemos que en 2004 las redes sociales se limitaban a los foros en Internet). ¿La premisa? Aparentemente sencilla: Un avión se estrella en una isla desconocida. Varios pasajeros consiguen sobreponerse al accidente y deciden explorar la isla para evaluar sus posibilidades de regreso. Hasta aquí una variante de Robinson Crusoe, si no fuera porque pronto nos dejan claro que estamos ante algo diferente: ruidos extraños que amenazan en la selva, estaciones de radio que llevan años emitiendo el mismo mensaje de socorro. El “survival-drama” se cruza con el drama de intriga y exploración. ¿Qué isla es esa? ¿Por qué suceden cosas extrañas? Y aquí comenzamos a entender las claves de su éxito…

Clave #1 del éxito de Perdidos: Generar dudas en el espectador. Hacer que este desee ver más capítulos para resolverlas.

Aprobado el episodio piloto con notable alto, la gente pronto picó con ese truco tan elemental del suspense. Pero no era suficiente. Había que asegurarse de que la tensión se estirara lo suficiente para que todo no se resolvieran en 12 capítulos.

Clave #2 del éxito de Perdidos: Darlo todo en pequeñas dosis, introducir gran variedad de situaciones y personajes.

Pronto nos dimos cuenta de que Lost no iba a tener un héroe o personaje principal, si no que era una obra coral de protagonismo compartido. Para conocer mejor a los integrantes del vuelo transoceánico, cada episodio iba dedicado a uno de los supervivientes, y sus vivencias previas al accidente. Ahí teníamos otra gran innovación de Abrams cuyo mérito debemos reconocer; La estructura de cada episodio iba alternando entre la línea temporal de la isla (“el presente“), y las motivaciones y sucesos que llevaron a tomar el fatídico vuelo a cada uno de los pasajeros (“el pasado“), narrado en forma de “flashbacks”. Lo genial de esto es que daba una gran amplitud al carácter de los personajes y permitía explicar todo sobre ellos. Es más, parte de esa genialidad consistía en contarnos también cosas de otros personajes desde distintos puntos de vista o encuentros entre ellos, para que luego pudiéramos unir las piezas del puzle. Aunque también resultaban tediosos a veces, o planteaban situaciones que no parecían tener ninguna relación con la isla (más conocido como “relleno”).

Clave #3 del éxito de Perdidos: El “cliffhanger” llevado al extremo. O cómo dejar colgados a todos en el momento de máxima expectación.

Bien avanzada la primera temporada era evidente que lo de Lost se había convertido, dicho de forma coloquial, en el arte de dejar con la mierda colgando al espectador. Al final de cada capítulo, en lugar de resolverse un gran enigma, se hacía justo lo contrario: se dejaba al televidente al borde del abismo argumental, clavado en el sillón hasta la semana siguiente. Un gran descubrimiento, una situación peligrosa, un giro inesperado. No es que eso lo hubieran descubierto Carlton Cuse y Damon Lindelof (ya lo hacían los primeros dibujantes de tiras cómicas), pero en Lost el truco era llevado hasta extremos delirantes. Una vez que la serie cogió masa muscular como para que todos supieran que sería renovada por al menos dos temporadas más, los guionistas se pusieron a trabajar en contra del televidente: Lejos de resolver nada, el arco argumental fue alterado para dejarnos con uno de los mejores y más crueles “cliffhangers” de la historia: La escotilla. “The hatch”. Una cabronada tan grande que resultaba genial si no fuese porque se repetiría temporada tras temporada.

Lost, un producto elongado artificialmente:

Lost, en su segunda temporada, resolvía el enigma de la escotilla, lo que había en su interior, pero con ella planteaba cientos de nuevas dudas. Otra de las curiosas claves de su éxito. Habían conseguido engancharnos a todos de la misma forma que se engancha un drogadicto, queríamos nuevas dosis, pero cada vez su consumo nos ofrecía menor alivio.

Clave #4 del éxito de Perdidos: Plantear muchísimos más enigmas de los que se van resolviendo.

De esa forma, se entró en una espiral de no resoluciones, o resoluciones poco convincentes, que hacían que muchos de los que veíamos la serie empezáramos a cabrearnos al darnos cuenta de que no nos daban (no querían darnos) respuestas, al mismo tiempo que nos enganchábamos aún más. Cualquiera con algo de vista podía ver que la serie iba a ser  prolongada artificialmente cuantas temporadas hiciera falta, bajo la premisa de tener todavía material reservado. Así, cada enigma resuelto era como una caja de pandora que abría nuevas líneas argumentales, dando saltos de lo sobrenatural a lo científico, de lo absurdo a lo apasionante, sin un orden concreto. Si algo se resolvía definitivamente, es que ya no tenía un papel realmente determinante en futuros episodios. Si el burro alcanza la zanahoria, se para en seco. Eso debían pensar…

¿Respuestas? Más bien trampas:

El “pacto de ficción” dice que al espectador no lo puedes -no lo debes- engañar. Como guionista, altera cuanto quieras la obsoleta fórmula de “introducción-nudo-desenlace”, mete todos los flashbacks que quieras, inserta cuantos personajes nuevos te apetezca para alargar la longaniza. Pero nunca, nunca, nunca, engañes al televidente. Y eso fue algo que Lost transgredió en numerosas ocasiones. Llegados a la cuarta temporada, se había convertido en un contínuo desmentido de lo que antes nos habían planteado como una realidad absoluta, a la que habíamos llegado con un gran esfuerzo mental. Si la primera temporada giraba en torno a la escotilla, en la segunda esta ya no tenía ninguna importancia, y eran “los otros”. Y así sucesivamente, una temporada “desmentía” o “desmitificaba” a la anterior, centrando el enigma en algo nuevo que despreciaba gran parte de lo visto.

Rizando el rizo. Añadimos el factor tiempo a la ecuación:

Llegados a la quinta temporada, entrábamos en el más difícil todavía. A la trama, ya de por sí difícil de seguir por la enorme variedad de personajes, localizaciones, flashbacks, incidentes, muertes, desapariciones, apariciones y teorías, se le sumaba el factor T. El tiempo, o más bien los saltos temporales. Baste decir que durante los rodajes existía una persona encargada de verificar las coherencias temporales, algo que puede verse en los extras del DVD. ¿Qué más puedo decir? Pues que nos habían convertido en adictos, y daba igual que la droga estuviera adulterada. Lo importante es que, como entretenimiento, como enganche seguía funcionando, y quizás con más fuerza que nunca, porque la temporada 5 fue grandiosa a nivel de suspense.

A estas alturas ya teníamos muy claro que la serie, lejos de sostenerse por su consistencia, se sostenía por nosotros, por:

Clave #5 del éxito de Perdidos: La línea incondicional de seguidores fanáticos.

En cualquier foro al que accedieras, en Facebook, en las tertulias de café, en las conversaciones al día siguiente en el trabajo, el tema podía ser fácilmente Lost. Cada uno tenía su teoría, y eso fue lo que hizo que la serie trascendiera su propia entidad. La falta de conclusiones, la mezcla de ideas, los detalles olvidados de temporadas anteriores, provocaban (y siguen provocando) discusiones airadas con interpretaciones que iban desde lo más coherente a lo más bizarro.

Así, Lost se convirtió en un fenómeno social en Internet, hasta el punto que muchos de nosotros descargábamos los capítulos emitidos por ABC en Estados Unidos apenas unas horas después en España, sin poder esperar a su emisión en Cuatro.

Y llega el gran final. Decepción para algunos, aceptable para el resto

La sexta temporada estaba siendo irregular en la resolución de enigmas, pero una cosa estaba clara: conforme se estrechaba la distancia con el capítulo final, cada vez era más evidente que los guionistas no tenían ninguna intención de “cerrar” o “aclarar” la mayoría de cuestiones sin resolver. Esto es muy evidente en el capítulo “Across the Sea”, donde uno de los personajes contesta: “deja de preguntar, pues a cada respuesta le seguirán nuevas preguntas“. La serie (los mismos Cuse y Lindelof lo afirmaban) iba “falta de tiempo”, y creo que en un momento dado se vieron abocados a darle un final de compromiso, en el que se apela a la nostalgia del fan, que después de seis años conviviendo con los personajes es de lágrima fácil y encaja con facilidad el cambiazo de una serie de intriga/drama/ciencia ficción, por una de reencuentros.

No soltaré ningún “spoiler” si digo que el final de Lost, exceptuando algún giro inteligente (Hurley + Ben) acaba como una sucesión de abrazos, que más parece una fiesta de despedida del reparto original, en la que además se invalidan un gran número de líneas argumentales de temporadas anteriores. No es que se desmientan, es que sencillamente convierten las estaciones Dharma, los experimentos electromagnéticos, y un sinfín de situaciones y personajes en prescindibles y carentes de interés. Y eso a algunos nos deja con cara de gilipollas.

Mi impresión del final de Lost no puede ser más tajante: para este viaje no necesitábamos estas alforjas.

En la parte positiva, nos queda una serie muy bien rodada, unos personajes muy bien dibujados e interpretados, un nivel de producción altísimo y muchas horas de entretenimiento y diversión.

De todos modos, como decía alguno… es sólo una serie. Circulen.

Escrito para Cinefilo por Jacobo Martínez

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Lost, de J.J. Abrams. ¿Un final digno?, 10.0 out of 10 based on 1 rating

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6 Comentarios en "Lost, de J.J. Abrams. ¿Un final digno?"

    Norman Bates, Mayo 25, 2010 | Permalink |
  • No he visto el último capítulo, por lo que no se leído la última parte.

    Pero me gustaría añadir algo respecto al artículo: empezando a ver la serie mucho tiempo después del inicio de su retransmisión, cuando concluyó la quinta temporada, es decir cuando el fenómeno ya estaba más que consolidado, uno se da cuenta de que no es una serie tan rebuenísima como había oído hablar. Sin esperas, sabiendo que aquello que empezaba iba a durar seis temporadas, uno escapa de, por decirlo alguna forma, el “engaño” de sus guionistas, y puede valorar la serie por lo que realmente es, y no lo que se puede pensar que es. Es más, cuando uno ve por donde van los tiros ya en la cuarta temporada, empieza a olerse la tostada de un suspuesto final más que decepcionante para el que espera respuestas(o eso es lo que he entendido de la mayoría de comentarios libres de spoilers que he oído/leído).

    Quizás haya disfrutado menos de la serie, en realidad mucho menos que la mayoría, pero de esta forma me ahorro la ostia contra un final sin chicha.

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  • curioso, Mayo 25, 2010 | Permalink |
  • Yo la empecé a ver hace tiempo, cuando la emitía TVE y me compré 2 temporadas (la segunda pensando que mejoraría la ya mediocre primera). Juré no comprarme más y ni siquiera seguir viéndola, porque me parecía un auténtico engaño de serie. A día de hoy, creo que hice lo correcto (algo que repetí con la infumable “Héroes”).

    “Perdidos” es un experimento de 2 personas sobre cuánto tiempo pueden enganchar a una audiencia, pero para nada me parece una serie de calidad. Creo que la gente se ha dejado llevar por el “engancha mucho” y en eso han basado su criterio. Afortunadamente para gustos, los colores.

    Salu2.

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  • zumbarte, Mayo 26, 2010 | Permalink |
  • Sigo la serie desde el primer día y soy de los que le ha encantado el final.
    Ciencia vs. fe, ha ganado la fe. En este caso la fe es la imaginación, la estimulación por parte de la serie al espectador. Eso es algo que ha logrado durante todos estos años, y no iba a ser menos el final.
    Además, con dos cojones, hacen un mega-guiño final a la teoría que habían dicho que jamás de los jamases se cumpliría. Así pueden acabar la serie de una manera “normal” y otra con la teoría maldita.

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  • marmolillo, Mayo 27, 2010 | Permalink |
  • Impecable exposición.
    Quizás añadiría que mucha gente ha transcendido lo que no es más que una narración hacia una historia que consideran que puede, con las adecuadas explicaciones, tener un significado cerrado. Cuando no es más que una historia que se ha ido improvisando sobre la marcha. Como las de todas las películas y novelas. Sólo que en las películas y novelas, tras conocer el final, se retoca el principio. En esta serie eso no era posible. No hay una gran explicación, ni siquiera para los guionistas que crearon la serie.

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  • curioso, Mayo 28, 2010 | Permalink |
  • No creo que una película o una novela sea una historia en la que el creador no conozca el final, sinceramente me cuesta creerlo. No digo que todas no lo sean, pero si me atrevería a decir que un 95%. En cambio esta serie se ha dejado ver su “trampa” la de crear constantes intrigas con el único fin de crear audiencia y amasar más y más capital. Al final esta ruín táctica les ha jugado una mala pasada, toda la gente a la que han “engañado” se les ha echado encima. Algo totalmente loable.

    Un saludo.

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  • Rez González, Agosto 6, 2010 | Permalink |
  • Buen artículo, muy similar a una serie de comentarios que dejé en la web de un friki “remalo” que se niega a aceptar que lo han timado. Acabó insultándome por mostrarle la verdad, censurando y borrando todos mis comentarios, y terminó por prohibir los de cualquier usuario en el post que escribió. Quizás fue porque lo hice cuando el tema aún estaba muy caliente (a los dos días de finalizar la serie, aproximadamente). Afortunadamente, Jacobo, a ti no te ha ocurrido lo mismo; me alegra saber que existen personas que apartan su lado fan y son críticos con uno de los mayores (si no el mayor) timos de la historia de la televisión.

    Aquí os dejo el link del amante sodomita del equipo de Lost.
    http://www.fricoteca.com/2010/05/las-respuestas-de-lost-la-serie-cuadra.html

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