Trailer Iron Man 3

Heat, de Michael Mann

Jacobo Martínez

Dom, 23 Noviembre 2008

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La década de los noventa ha producido algunas, no muchas, películas de policías y ladrones que merecen figurar en la antología del género. Un género difícil, por trillado y explotado hasta la saciedad.

Creo que no disgustaré a los amantes de este cine si digo que Heat merece un lugar de honor entre ellas. Ahí es nada. Michael Mann consiguió dirigir sin mácula a dos monstruos -Robert De Niro y Al Pacino-, colocando a cada cual en el lugar exactamente asignado por su guión y desconcertando al espectador cómodo, que esperaba ver la repetición de clichés ya acuñados por estos actorazos en otras películas.

En esta ocasión ambos, Pacino y De Niro, ofrecieron una interpretación magistral y, a la vez, inédita. Algunos comentaristas censuraron, lo hacen todavía, la sobreactuación de Pacino. Les pareció excesiva su interpretación de policía enérgico e inteligente. Máxime si al otro lado de la ley estaba un De Niro impecable, inmenso en su concisión y frialdad de atracador de altos vuelos. Creo que estas críticas resultaron injustas, fruto tal vez de una visión apresurada o superficial de Heat. Quizás ahora una review tranquila pueda ayudarnos a resolver personalmente el dilema.

Decir que Mann rodó en este film uno de los atracos más espectaculares y escalofriantes que se han visto en el cine sería un buen comienzo para ponernos de acuerdo. Decir que el reparto – Pacino, De Niro, Val Kilmer, Jon Voight, Tom Sizemore, Ashley Judd,…- era tan espectacular como la propia acción, también. Decir que la película no se limitaba a contarnos la acción delictiva de la banda de atracadores y la reacción de los detectives de robos y homicidios de L.A., sino que se adentraba en la propia biografía de los personajes, mostrándonos retazos de su vivir, de sus sueños, de sus aspiraciones más profundas y de sus límites y errores, sería igualmente obvio. Y es justamente todo esto, y mucho más, lo que constituye la ensalada de Heat. Otros muchos directores, con estos preciosísimos medios puestos en juego, no hubieran sabido aliñarla. Hubiera sido, tal vez, una grandiosa lástima. No sería la primera película en la que un reparto formidable y unos medios faraónicos concluyen en fracaso. En Heat, sin embargo, todo está puesto al servicio de otra perfecta realización de aquella gran industria. El resultado, una vez más, nos sorprende, nos entretiene y mantiene en vilo hasta el último fotograma.

Estamos, desde luego, en una de “policías y ladrones”. Pero no una más, donde se cambian las ropas, los coches y el peinado de las chicas para que parezca actual cuando nos están contando la misma historia de siempre. Ni mucho menos. Si antes he dicho que era una de las pocas del género que han aparecido en la última década del siglo, ha sido a sabiendas. La acción transcurre en los noventa (1995) y refleja fielmente el momento. Los ladrones actúan con exactitud milimétrica. Sus saberes, los conocimientos técnicos que reúnen, van mucho más lejos que el mero empuñar un arma con destreza. El robo es el último capítulo, la puesta en escena de un preciso plan en el que intervienen elementos sutiles y lejanos entre sí. Piratería informática, electrónica de seguridad, conocimiento del hampa y de las finanzas, … todo un entramado realmente profesional.

La policía, en una ajustada otra cara de la moneda, tampoco es manca. Sus sistemas de información disponen de toda la sofisticación precisa para la detección de criminales tan astutos y preparados. Desde el delator de siempre hasta los bancos de datos más enormes. Todo puesto al servicio de la represión del delito. Y al frente de cada ejército, los generales más sibilinos y decididos: Robert de Niro y Al Pacino. La división policial y la banda de atracadores se enfrentan disciplinada y eficientemente en una lucha sin cuartel, que no repara en medios. La vigilancia se transforma en contravigilancia y solamente el azar, lo fortuito, el sino, es capaz de romper el equilibrio de fuerzas. Ni siquiera las trepidantes escenas de lucha callejera con armas de asalto son suficientes para el director.

Mann hace subir y bajar la acción con una maestría inigualable, atrapando al espectador cada vez más en una vorágine de destrucción que cede el paso a la intimidad para retornar más tarde a la acción. En una composición fílmica estrictamente musical, la melodía sube y baja y nos atrapa hasta el fin. No hay tiempos muertos, no hay rellenos. Se aprecia que guión y realización llevan una misma firma y una misma voluntad de hacer un film fatalista, inexorable. La misma fatalidad y coherencia con la que los dos rivales se enfrentan en un cara a cara tremendo mientras toman café. Los dos generales discuten sus razones y los términos del combate, mientras sus ejércitos permanecen expectantes. Cada cual manifiesta su firme intención de seguir hasta el fin su propio camino.

No hay sobreactuación de Pacino, como no hay, tampoco, ni un solo detalle fuera de lugar en esta cinta. Todo está al servicio del guión, en una depurada muestra de buen hacer fílmico. Sólo eso. Desde la actuación del último actor secundario hasta la fotografía, los diálogos -inmenso Jon Voight en sus cortas apariciones- todo está puesto al servicio de un producto de los que rara vez podemos disfrutar. Una cinta para repetir, ni más ni menos. Podría extender este comentario y glosar cada matiz de los muchos que ofrece la película, pero voy a dejar que cada uno de vosotros disfrute por su cuenta y encuentre ese hilo que le hace decir al personaje que interpreta Voight algo así como: “tengo cierta información que puede interesarte, es algo que me preguntaste, así que tengo que decírtelo: el tipo que buscas esta en … si es que todavía te importa; tómatelo con calma, estás libre…”

Crítica realizada por J.F. Sebastian
Editado por Jacobo Martínez

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Heat, de Michael Mann, 10.0 out of 10 based on 3 ratings

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