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El Luchador, de Darren Aronofsky

Jacobo Martínez

Jue, 19 Febrero 2009

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¿Le suenan las iniciales WWE, RAW, ECW o TNA…? Si todos estos acrónimos le dicen algo, es que es usted aficionado al pressing catch, la lucha libre profesional americana, precisamente la del personaje que encarna Mickey Rourke en El luchador (The Wrestler), la película de Darren Aronofsky, recién estrenada en España, ganadora del León de Oro del Festival de Venecia de 2008 que le ha valido al propio Rourke el Globo de Oro como mejor actor dramático.

Si recordamos que El Santo, el mítico luchador enmascarado mexicano de los años 60 que apasionaba con sus combates a los jóvenes y adultos de entonces, llegó a rodar más de veinte películas, estaremos de acuerdo en que no es poco el cine dedicado a los héroes de la lucha libre. Aquellas cintas (Santo contra los zombies (1961), Santo contra el estrangulador (1963), Santo y Blue Demon contra los monstruos (1969)…)- llenaron las salas hispanas y todavía hoy son de culto para los incondicionales del género. El luchador se oponía siempre a las fuerzas del mal y vencía.

Nada que ver con las cintas de boxeo, tan de serie negra. Entonces todavía se insistía desde las organizaciones de lucha libre en que el combate era auténtico y las peleas a muerte, o casi. No fue hasta la década de los 80 y 90 que nació la nueva dimensión del pressing catch y sus wrestlers. En el sobreentendido de que nada sobre el ring era una lucha real pero sí sobrerreal, superreal, los combates pasaron a denominarse “espectáculos de entretenimiento deportivo” y en ello siguen, en una continuidad exitosa que les hace conquistar nuevos fans a medida que el show cobra nuevos giros: empresas estadounidenses como Total Nonstop Action, World Wrestling Entertainment, Real Athletic Wrestling, Luchadores Smackdown y muchas otras, son las que siguen cultivando ese mundo tan especial, mezcla de fortaleza, agilidad acrobática y, sobre todo, representación, teatralización de la lucha, quintaesencia del combate en sí mismo, donde los luchadores son verdaderos símbolos que encarnan valores para sus aficiones.

Y uno de esos símbolos es Randy “The Ram” Robinson (Randy El Carnero), el protagonista de The Wrestler. “Buen espectáculo, Ram, de verdad los engañaste”, le dice el organizador, alargándole unos pocos dólares, mientras Randy se seca el sudor del combate, sentado en un taburete del aula infantil del colegio donde se ha celebrado el espectáculo. Ya vestido, unos jóvenes se le acercan a pedirle un autógrafo y elogian sus victorias míticas de veinte años atrás.

Porque la vida es dura y hay que pagar el alquiler y la pitanza diaria, por eso, a la vez que Randy Robinson conserva un trabajo miserable por horas, soportando a un encargado todavía más miserable, para poder ir tirando, El Carnero, la vieja estrella, continua su carrera de luchador en el circuito independiente, donde los contratos se firman con un apretón de manos junto a las taquillas, entre masajes, vendas y esparadrapos.

La película hace una perfecta descripción de tipos y ambiente desde el comienzo. Ya en las primeras escenas de vestuario, el lugar en el que los contendientes acuerdan los términos del combate antes de salir al ring, empieza Aronofsky a enseñarnos lo alto que vuela en el film: con cuatro brochazos pinta personajes completos, tipos perfectamente delimitados en su humanidad, musculados, de aspecto agresivo, prototipos (Billie”El niño”, Less “letal”, “El infernal”, Samoanos funkies, Tommy “El podrido”…) profesionales de lo suyo, que se preparan para un ballet espectacular ante un público entregado que espera de ellos lo mejor cada vez. Aunque todos son conscientes de que la acción transcurre en salas de tercera, la magia del combate está garantizada y el director no defrauda -ni tampoco a nosotros, los espectadores, convirtiéndonos también en “entregado público” de tan difícil como resulta sustraerse al magnetismo de las peleas. La dinámica de los duelos no puede estar mejor filmada; los combates son reales y su proyección, a través de la cámara Aronofsky, resulta tan espectacular y verosímil como estar ante el cuadrilátero y vivir desde la platea de la sala la dialéctica del “pinfall”, los “rudos”, los K.O., las llaves de “rendición”, los “tap out”, los “cont-out” y las descalificaciones. Una retórica que atrapa y da fuerzas al mito de los 80 para concertar la reedición del combate que fue hit en su día. “En dos palabras: re-vancha, Carnero contra Ayatollah, segunda parte.”

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1 Comentario en "El Luchador, de Darren Aronofsky"

    Aletshe, Febrero 20, 2009 | Permalink |
  • Parece que a todo el mundo le ha encantado esta película, asique la veré, y si ademas Mickey está tan genial no creo que me decepcione! ^^

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