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El Hobbit: Un viaje inesperado, de Peter Jackson (II)

Alberto González

Vie, 14 Diciembre 2012

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En un agujero en el suelo, vivía un hobbitEl Hobbit: Un viaje inesperado, de Peter Jackson, nos hace volver a la Tierra Media por todo lo alto con un mágico billete de partida y regreso. Descubre con nosotros, en nuestra crítica especial, las claves de la primera entrega de las aventuras de Bilbo Bolsón.

Si algo caracteriza a Peter Jackson (Criaturas celestiales, King Kong), es su pasión por el detalle. El director neozelandés es metódico, perfeccionista hasta el extremo y muy empecinado. No suele aceptar un no por respuesta, y no se rinde hasta que consigue lo quiere. El Hobbit, la adaptación cinematográfica de la novela homónima del profesor J.R.R Tolkien, es buena muestra de ello. Jackson, -cuyos orígenes cinematográficos gamberros y experimentales permanecen en el olvido para una gran multitud- apostó el todo por el todo en su día presentando un titánico proyecto fílmico alrededor de la trilogía del anillo del venerado escritor inglés que, contra todo pronóstico, acabó triunfando por todo el mundo y convirtiéndose, con méritos propios, en una de las sagas del séptimo arte con más peso y calado en la cultura mundial. Las tres películas de El Señor de los Anillos demostraron que Peter Jackson y su equipo eran un valor a confiar, capaces de convertir y transformar algo que hasta la fecha era imposible de adaptar, en un producto tangible, real y disfrutable por espectadores de todas las edades. El vasto mundo de Tolkien se desenvolvía con una inusitada fidelidad ante nuestros ojos, y eso ya era más que suficiente como para volver a confiar en él en un futuro.

El Hobbit: Un viaje inesperado, nace de un proceso turbulento y complejo en cuanto a producción. Descontando el trabajo intrínseco de adaptar y plasmar una obra así en la pantalla, lo cierto es que la producción y la creación de esta serie de películas ha pasado por problemas y momentos muy críticos. Desde la situación -casi de total bancarrota- de Metro Goldwyn Mayer, a la salida de Guillermo del Toro -quien en principio, iba a ser el director de estas películas-, las aventuras de Bilbo Bolsón parecían nunca llegar a buen puerto. Jackson, que ejercía de productor en aquellos días, retomó la ilusión que lo llevó a finales de los noventa a recrear el viaje de Frodo y la comunidad del anillo y adoptó, de nuevo, el rol de director. Pese a que el tiempo es el mejor consejero y guía en esta serie de temas, la decisión, a priori, parece más que acertada. Desconocemos por completo el tipo de enfoque o tratamiento que Guillermo del Toro podría haberle dado a una historia tan infantil y simple como El Hobbit, pero, en estas lindes y en cuanto a eso de adaptar a Tolkien se refiere, cabe recordar que más vale malo conocido, que malo por conocer.

La historia de El Hobbit es de sobra conocida por todos. La película -primera de toda una nueva trilogía- nos cuenta, de forma bastante longeva y dilatada, los primeros compases de la novela del profesor Tolkien, con una serie de añadidos que sirven, a su vez, de precuela y dilatado prólogo a los eventos que a posteriori veremos en El Señor de los Anillos. Así, se nos narrará la historia de Bilbo Bolsón -Martin Freeman-, un hobbit que se verá envuelto, casi sin comerlo ni beberlo, en una fantástica aventura que girará alrededor de la recuperación del lejano reino y ciudad enana de Erebor, de las manos de un peligroso dragón. A Bilbo le acompañarán una serie de enanos, encabezados por Thorin Escudo de roble -Richard Armitage- y el mago Gandalf -Ian McKellen-, principal guía de esta simpática y heterogénea compañía de héroes. El guión de Philippa Boyens, Fran Walsh y Peter Jackson, sólido como una roca, amplía hechos de la novela original hasta límites poco aguantables para el menos versado en la materia -el excesivo metraje y bombardeo de información anexa a la historia original hacen mella en el espectador profano-, consiguiendo que, pese a que en líneas generales se hace muy entretenida, nos encontremos secuencias y escenas que den la impresión de estar dilatadas de manera artificial.

Aquí podíamos entrar en el debate de la necesidad real de dividir la historia de El Hobbit -más simple y escueta que la de El Señor de los Anillos- en tres películas de casi tres horas, pero es difícil discernir con claridad en dicho aspecto, ya que realmente El Hobbit: Un viaje inesperado es una larga introducción de personajes y situaciones, que a posteriori, marcarán el camino a seguir por las dos sucesivas entregas. A grosso modo, y contando con los añadidos de Jackson y su equipo, El Hobbit: Un viaje inesperado, adquiere un tono más infantil y fácil de digerir, sin tantos personajes taciturnos ni elementos de marcado carácter agrio -algo a lo que ayuda la revisada y ajustada fotografía de Andrew Lesnie más propenso a los colores pastel de que de costumbre- pero arrastrando algunos de los defectos inherentes a la dirección del neozelandés, que parece plagiarse y autoreferenciarse así mismo a las primeras de cambio. Pese a todo esto, en la película nos encontramos con esperadas secuencias y momentos álgidos y destacables dentro de la mitología del rico universo de Tolkien. Capítulos tan venerados del libro como “Acertijos en las tinieblas”, donde Gollum -interpretado por el siempre eficiente Andy Serkis- y Bilbo Bolsón se retan a una batalla de adivinanzas o “Una tertulia inesperada”, donde se nos presentan todos los integrantes de la aventura, están francamente bien adaptados, siendo si cabe, más completos y detallistas que sus homólogos literarios. Siendo francos, en esto ayuda la introducción de algunos nuevos actores a la ecuación propia del cine de Peter Jackson, que parece cómodo y más que acostumbrado a esto de llevar las riendas de una película coral. Descontando el soberbio trabajo de personajes a los que ya conocemos -Cate Blanchett es y será Galadriel, Christopher Lee es el Saruman que todos nos hemos imaginado alguna vez y Andy Serkis como Gollum es capaz de robar cualquier plano posible-, la nueva incorporación de personajes dramáticos y llenos de matices como el de Thorin -Richard Armitage- o el de Bilbo Bolsón -Martin Freeman- consiguen un conjunto actoral más sólido, coherente y rico del que jamás nos hubiéramos imaginado, dando a luz fieles recreaciones de carne y hueso a los caracteres del libro. Suena duro decirlo, pero Martin Freeman es más hobbit que Elijah Wood -que hace un pequeño cameo al comienzo de la película-.

En el plano concerniente al aspecto más técnico del film, nos vemos obligados a destacar una de las preguntas en la que muchos espectadores basarán su decisión a la hora de disfruta la película en pantalla grande: los 48 fotogramas por segundo. No nos andaremos con rodeos: si tenéis la oportunidad, id a verla en este formato. El Hobbit: Un viaje inesperado es la, presumiblemente, primera de una serie de películas grabadas en dicha tasa de fotogramas por segundo, consiguiendo a grandes rasgos unos movimientos más reales y fluidos, así como unas imágenes más consistentes. La polémica con respecto a la forma tradicional de filmación -24 fotogramas por segundo- está servida, y no serán pocos los espectadores y aficionados que se polaricen y acaben posicionándose a favor o en contra. Como con todo nuevo formato, supone una ruptura obvia y casi traumática con todo lo que estamos acostumbrados a ver en cine -que lleva más de cien años anclado a los 24 fotogramas por segundo-, y al principio, puede incluso causarnos cierto rechazo. Pero funcionan. Jackson -baluarte de las nuevas tecnologías junto a otros directores reputados y conocidos como James Cameron o George Lucas-, ha planificado cada escena y secuencia de la película con dicho formato como fuente original de grabación, dejando patente su importancia e impronta dentro de la película. Al igual que el 3D -que dicho sea de paso, es bueno- los 48 fotogramas por segundo son la fuente original de El Hobbit: Un viaje inesperado, y no un mero añadido. El tiempo dirá si se abandonan las formas tradicionales de filmar -también se decía que la celulosa y el revelado fotoquímico morirían al instante de entrar el cine digital, y ahí están todavía- o si acaban conviviendo durante unos años. El primer paso ya se ha dado, y como bien decía Bilbo, “nunca sabes hacia donde te pueden llevar”.

Centrándonos de nuevo en lo más importante de una obra, que no es ni más ni menos que su calidad y valor como creación artística y de entretenimiento -dejando los debates alrededor de su alta tasa de fotogramas por segundo-, El Hobbit: Un viaje inesperado, destaca sobremanera. Su naturaleza de blockbuster accesible, pero a la vez intrincado -Jackson y su equipo son maestros en eso de alentar al espectador con detalles en principio vacuos, pero llenos de significado para los verdaderos fanáticos y ávidos lectores de Tolkien-, consigue mostrarnos la mezcla perfecta en esto del cine más comercial,  logrando que todo tipo de público disfrute de la Tierra Media sin tener que disponer de un conocimiento previo. De esta manera, la película nos mostrará alguno de los hechos adyacentes a la historia original del libro publicado en 1937 -dichos datos y elementos están recogidos en los famosos apéndices escritos por Tolkien, que se encuentran al final de El Retorno del Rey-, narrándonos las importantes reuniones del Concilio Blanco o las idas y venidas del mago Gandalf entre otras, añadiendo de una forma netamente cinematográfica un pedazo de historia de la Tierra Media que el mismo autor sudafricano intentó unificar a posteriori bajo una hipotética revisión de El Hobbit que jamás llegó a editarse.

El Hobbit: Un viaje inesperado fluye de manera magnífica en la épica propia del género, con la omnipresente y rica banda sonora de Howard Shore tras cada escena -que actúa en palabras del propio compositor “como una cálida manta que hace recordar al espectador que vuelve a estar en casa”-, y con el delicado y detallista trabajo de la compañía de efectos especiales Weta Digital en lo visual, regalándonos brillantes secuencias de lugares y criaturas fantásticas -impensables hasta la fecha-, Nueva Zelanda, vuelve a convertirse en un pedazo de la Tierra Media. Peter Jackson, una vez más, hace de salvaguarda y guardián de un concepto fílmico en el que él mismo sentó las bases a seguir por futuros directores y cineastas venideros, y nos ofrece una primera parte más redonda de lo que cabría esperar. La primera entrega de las aventuras de Bilbo Bolsón funciona como un soberbio y espectacular entretenimiento, y aunque es fácil achacarle fallos y defectos -que ya se veían y notaban en la anterior saga-, también es evidente que atesora y amplifica sus muchos aciertos, logrando un conjunto más amigable y divertido que en intentos previos. Jamás un viaje tan inesperado, había sido tan largamente esperado y había levantado tanta expectación. Expectación y espera, que han acabado mereciendo completamente la pena.

Crítica escrita por Alberto González

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El Hobbit: Un viaje inesperado, de Peter Jackson (II), 9.5 out of 10 based on 32 ratings

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