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Django Desencadenado, de Quentin Tarantino

Alberto González

Sab, 19 Enero 2013

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Quentin Tarantino regresa al útero del género cinematográfico que le dio la vida y lo moldeó como director. Django Desencadenado es a la vez un western de frontera y un cuento sureño, que nos transporta, con menos fuerza y exquisitez que de costumbre, a una de las etapas más oscuras de la reciente historia norteamericana.

Quentin Tarantino es uno de los pocos directores del panorama actual que tienen la ansiada libertad creativa por cualquier cineasta que se precie. Es libre de narrar las historias que quiere, y es absolutamente independiente a la hora elegir el próximo guión que le apetece escribir. No tiene ningún tipo de cadena que le ate. Tampoco obedece a ningún tipo de amo -siempre y cuando, no consideremos al productor y distribuidor Harvey Weinstein como tal-. Su reducida filmografía, a lo largo de los años, nos ha ido ofreciendo piezas de lo que podríamos considerar una pequeña gran enciclopedia del cine. Tocando y ahondando en diversos géneros del séptimo arte, pero casi siempre recalando en los de más baja estofa -como el exploitation que tanto le divierte y al que tanto le debe-, Tarantino ha ido componiendo en su particular rollo cinematográfico, un crisol de historias en las que todas -o casi todas- tienen un nexo en común: el western. Y es que el director de Pulp Fiction, criado y madurado entre cintas de vídeo, siempre se ha caracterizado por homenajear a lo que él considera el género entre los géneros en esto del cine. No es una cuestión o un comentario baladí. En más de una ocasión ha dejado claro que, cuando quiere saber si una futura pareja o novia merece la pena, les pone Río Bravo (1959) y deja actuar a la obra de Howard Hawks y John Wayne como test de compatibilidad. Quentin Tarantino lleva el western marcado a fuego en su piel.

Django Desencadenado, uno de sus titánicos y longevos proyectos -el guión y la producción de una película de Tarantino es algo que se dilata en el tiempo y se asemeja mucho a un parto con complicaciones-, es a priori, la culminación de esta desenfrenada pasión. Desenfrenada pasión, que aquí, en esta Django Desencadenado, es más caótica e irregular que de costumbre, y que, por consiguiente, acaba estropeando y empañando, lo que podría haber sido su cinta más redonda. El punto de partida de Django Desencadenado, nos lleva a la época más convulsa de la historia norteamericana más reciente. Nos encontramos en 1858, durante el auge del trato y comercio con esclavos en los Estados Unidos. Mientras sus congéneres negros sufren los designios de sus caprichosos y terribles amos, Django (Jamie Foxx), un esclavo, es liberado una noche por un extraño dentista alemán convertido en cazarrecompensas (Christoph Waltz). Por avatares del destino, ambos acabarán colaborando durante un tiempo, entablando una fuerte amistad e ideando un disparatado plan a fin de liberar a la mujer de Django, Broomhilda (Kerry Washington), de las garras del despreciable propietario de Candyland -un oscuro latifundio edificado en mitad de la nada-, Calvin Candle (interpretado por Leonardo DiCaprio).

Django Desencadenado es así, más que un film del oeste, un southern con claras -aunque contadas- influencias del spaghetti western más zafio y cercano al exploitation, aderezado con las típicas notas y delirios reconocibles del director, como los consabidos diálogos -menos férreos y sólidos que de costumbre- o su habitual y anacrónico uso de la música. Todos aquellos aficionados al género que esperen ver homenajes al Django original (de 1966) o al cine del italiano Sergio Corbucci se llevarán la misma decepción que aquellos otros fanáticos del cine de serie B que esperaban ver en Malditos Bastardos, una oda al cine de Enzo Castellari -director que también tuvo sus escarceos con el propio personaje de Django-.

La película de Tarantino está claramente influenciada por el estilo y el corte cinematográfico de otras películas italianas similares, pero su grado de similitud y referencia, es mucho menos evidente y refinado que el existente en Malditos Bastardos -que bebía y mucho de algunos westerns mediterráneos, como también lo hacía Kill Bill Vol 2, aunque a su asiática y oriental manera-. No queremos decir que, por obligación y definición, Quentin Tarantino deba pasar por los obligados lugares comunes del género a la hora de tratar y narrar sus propias historias, pero sí nos chirría que por ejemplo, en una cinta que parte desde el germen más propicio para dar rienda -y desatarse- con aquellos tics visuales y narrativos a los que ama y vanagloria, sea paradójicamente el film de su carrera que cuente con menos elementos formales de los citados. Si a ese punto negro, le sumamos un caótico montaje -algo en lo que Tarantino siempre ha demostrado tener un gusto y un pulso exquisito-, tenemos como resultado un producto final no tan redondo como en otras ocasiones. Quizás la terrible pérdida de Sally Menke, su montadora habitual -que desgraciadamente falleció hace un par de años-, haya repercutido más de lo que creemos.

Pese a ello, la odisea crepuscular de estos dos héroes atípicos y especiales, es una película de lo más correcta, con momentos memorables y excelsos. Tarantino trata con especial detalle el devenir de los esclavos negros en el sur de los Estados Unidos previo a la secesión -que son simples monedas de cambio, sin voluntad o capacidad de decisión alguna y usados en los más perturbados y denigrantes deseos de sus amos y terratenientes-, con alguna secuencia de inusitada crudeza -incluso para el propio lenguaje del conocido y reputado director-. El cineasta de Reservoir Dogs consigue narrarnos en primera persona, y casi siempre a través de los ojos de un correcto Jamie Foxx, el duro y forzoso destino al que se ven sometidos sus congéneres enfocando entre líneas, aunque una de forma bastante evidente, un eficiente y digerible alegato contra el racismo de manual. Por su parte, el austriaco Christoph Waltz sigue siendo el mayor artífice de casi todos los puntos destacables y brillantes de esta Django Desencadenado, bordando con una interpretación única, uno de esos personajes escritos desde cero para el actor que finalmente le da la vida en pantalla. Su otrora dentista convertido a cazarrecompensas es el rol más lucido y aprovechado de los que desfilan por la pantalla, y destila carisma por todos y cada uno de sus poros. Nadie tenía ni el más mínimo grado de duda de que acabaría haciendo algo a la altura, y menos tras su consagrado y galardonado papel de coronel Hans Landa en Malditos Bastardos, pero nunca está de más recalcarlo. Pero quizás el papel más agraciado y redondo sea el del propio Samuel L. Jackson -actor icónico dentro del cine de Tarantino, punto de unión entre todas sus películas y elemento litúrgico en sus historias-, que nos ofrece una interpretación majestuosa, llegándose a comer en presencia y calado a un demasiado difuso y perdido Leonardo DiCpario. El personaje de Samuel L. Jackson es todo un regalo para el espectador que tarda en aparecer en escena, pero que sin lugar a dudas, es posiblemente uno de los aciertos más sólidos del metraje en su segunda mitad.

En el plano más técnico y visual, Quentin Tarantino -más proclive y enganchado a la auto-referencia que de costumbre- consigue enarbolar algunos de sus más exitosos recursos cinematográficos, que ahora se ven claramente beneficiados por el uso inteligente de unas impresionantes localizaciones en exteriores -la película está rodada en estados como Louisiana, Wyoming o California- algo que nos brinda una serie de paisajes y planos sobrecogedores únicos dentro de su filmografía. Mención a parte merece la selección de temas musicales -empezando por un, desde ya, atemporal tema de Luis Bacalov y Rocky Roberts- que son capaces de saltar desde el melodramático y orquestal Ennio Morricone, al más machacón, zafio y contemporáneo rap de Rick Ross, junto a otros cortes de marcado acento folk y country.


Django Desencadenado es una película fronteriza, netamente sureña, descocada y muy divertida. Desgraciadamente, por momentos abandona la seriedad del género al que parece representar, y ahondando de manera evidente en algunos delirios más propios del cine grindhouse de baja calaña que del spaghetti western, acaba perdiendo las riendas. El desvergonzado Tarantino se encuentra más que cómodo a bordo de este encabritado corcel sureño, y nos regala, de nuevo, una pieza de cine capaz de revalorizarse con el paso de los años. Django Desencadenado es un film que atesora lo peor y lo mejor del cine y el lenguaje cinematográfico intrínseco a la propia naturaleza de Tarantino, y eso, es algo bueno, feo y malo. Justo como a él le gusta.

Crítica escrita por Alberto González

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Django Desencadenado, de Quentin Tarantino, 8.4 out of 10 based on 19 ratings

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4 Comentarios en "Django Desencadenado, de Quentin Tarantino"

    Luis Miguel, Enero 20, 2013 | Permalink |
  • Unas de las mejores críticas que he leído en mucho tiempo. Muy detallada y tocando todos los puntos a tratar que, desde mi punto de vista, son importantes en una película: aspecto técnico, aspecto artístico, guión, actores y director.

    Seguid así ;) .

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  • Alberto, Enero 21, 2013 | Permalink |
  • Lo siento, pero creo que si sales de una pelicula diciendo que tiene buen guion… esque el fin de la pelicula no se ha entendido o la peli en si es mala.

    Lamentablemente, es una pelicula de la que te puedes enamorar de sus fotos, sus dialogos…. pero es demasiado irregular. Escenas que no vienen a cuento y hacen que sea mas larga, aburrida y pesada, y llegue a hacer que el espectador pierda la antencion

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  • Iván, Enero 21, 2013 | Permalink |
  • Muy buena crítica. Coincido en muchos puntos… La verdad (sin contar el “ensayo” fallido de “Death Proof”) creo que es su film más flojo… Es la menos “Tarantinesca” de sus películas, cuando podría haber sido justamente la más “Tarantinesca” de ellas. Es posible que lo sepa plasmar mejor en otros “géneros” que en el mismísimo western… En fin, es una buena película; correcta; bien dirigida, bien interpretada; pero viniendo del gran Quentin, resulta un poco decepcionante… Saludos desde Paraguay!

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  • Lobezno, Enero 21, 2013 | Permalink |
  • Tarantino demostró un gran talento con Reservoir Dogs y Pulp Fiction, pero después de eso no ha encontrado de nuevo la inspiración. Es curioso porque ahora cuánta más violencia y sangre muestra en una película, más bula le dan los críticos y el público. Ahora hará mucho dinero en taquilla, pero Django es un despropósito que homenajea a las pelis más cutres del western, con grandes explosiones y sangre que sale disparada del cuerpo a cada tiro.
    Encima hay errores históricos, como situar el inicio de la guerra civil americana en 1860. Mejor olvidar la música “gangsta” para las escenas de tiros.

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2 Trackbacks

  • Información Bitacoras.com…

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