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Terminator, de James Cameron

Jacobo Martínez

Vie, 12 Diciembre 2008

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¿Cómo hacer un análisis de Terminator sin dejarse nada en el tintero? ¿Por qué no nos cansamos nunca de verla? ¿Cuántos artículos, críticas -y libros- se habrán escrito ya sobre ella?

Sea como sea, la llegada de Terminator Salvation (cuarta entrega de la serie) vuelve a poner de relieve la franquicia iniciada por James Cameron. Con tal motivo, os presentamos la retrocrítica sobre Terminator, a modo de “calentamiento” para la llegada del apocalipsis (5 de junio de 2009).

Terminator: Exterminador modelo T-800 producido en serie por Skynet. Organismo cibernético compuesto por endoesqueleto de metal y recubierto de tejido vivo cultivado. Apariencia humana perfecta. Unidad central dirigida por célula de proceso.

Fue la obra que dio patente de corso a James Cameron en la meca del cine, pero para entender el valor de Terminator más allá de lo que se aprecia en sus 100 minutos de metraje, debemos contextualizarla, recordar que en el año 1984 la ciencia ficción todavía era un subgénero en el que abundaban los clichés de naves espaciales. Tan sólo algunos cineastas visionarios como Ridley Scott se atrevían a unir géneros usando como hilo conductor lo científicamente improbable -pero creíble-. Ahí está el legado atemporal de obras maestras e irrepetibles como Alien (1979) y Blade Runner (1982). El resto fue -que nadie se rasgue las vestiduras- mero seguidismo de la trilogía espacial de George Lucas (La guerra de las galaxias en 1977, El impero contraataca en 1980 y El retorno del Jedi en 1983) y muy poca imaginación a inicios de los 80, con permiso de Tron (1982) y de La cosa (1982). Hacer una película como Terminator en 1984 era horriblemente caro y -en términos relativos- cien veces más arriesgado de lo que lo sería hoy en día. ¿Qué tendría James Cameron entre las manos -un canadiense de 30 años prácticamente desconocido- para ofrecerle a Orion Pictures? Aparentemente nada.

Nada, excepto una pieza maestra, escrita a máquina en folios grapados por una esquina. Bastaba sólo eso para que uno de los mayores estudios de Hollywood le abriera las puertas de par en par, donde otros directores consagrados ni siquiera habían sido recibidos.

“…Pero la batalla final no se librará en el futuro, sino hoy. Esta noche.”

Tras co-dirigir la basura alimenticia que fue “Piraña II: Los vampiros del mar“, James Cameron tenía muy claro que antes de ponerse tras las cámaras necesitaba una buena historia que contar, o de lo contrario nunca obtendría el apoyo necesario de la productora. Y vaya que si consiguió una historia… Un breve repaso al guión original, escrito por Gale Anne Hurd y el propio director, sirve para comprobar que 25 años después el texto se sustenta por sí mismo, gracias a una estructura narrativa sólida y creíble. Basta leer alguno de sus pasajes (si dominais el inglés os lo recomendamos encarecidamente) para darnos cuenta de que la verdadera ciencia ficción reside precisamente en los pequeños detalles, en los matices, en los diálogos, en los anhelos y angustias de los personajes, nunca en la animatrónica de un robot o la envergadura de una nave espacial.

Sarah: Cómo es (él)?
Reese
: (pensativo) Confiarías en él. Tiene esa fuerza. Morirías en un segundo por John.
Sarah: Vaya, al menos ya sé cómo llamarle. Supongo que no sabrás quién es el padre, para que no le mande a paseo cuando me lo encuentre.
Reese: John nunca habló mucho de ello. Él muere. Incluso antes de la guerra.
Sarah: (interrumpiendo) Déjalo, no quiero saberlo. Espera… Así que… fue John quién te mandó aquí?
Reese: Me ofrecí voluntario.
Sarah
: ¿Te ofreciste voluntario?

Todavía me sorprendo cuando revisito esta película. JC construyó una historia compleja, autoconclusiva, recubierta por una gruesa capa de acción tan bien tejida con un hilo de suspense, drama, ciencia ficción y terror que a veces nos olvidamos de que sólo es una persecución. Un miedo primario. El más antiguo de los instintos humanos: la lucha por la supervivencia.

Año 2029 después de Cristo: Las máquinas (organismos cibernéticos) someten al reducto de supervivientes del holocausto nuclear. Tan solo pequeños grupos rebeldes hacen frente a la exterminación. La guerra parece perdida y la humanidad condenada a desaparecer. Sin embargo, una guerrilla de asalto ha logrado cruzar la barrera de seguridad de Skynet, poniendo en peligro su existencia de manera definitiva.

Pero no nos engañemos. Pese a contar con un guión poco convencional en su planteamiento, o precisamente por ello, Terminator bien podría haberse convertido en un subproducto mediocre de la “sci-fi” de serie B. Su estética, demasiado ligada a los años en los que se sitúa la acción, y ciertos pasajes rodados con torpeza (o falta de medios), la alejan por momentos del lugar que se merece en el Olimpo de la ciencia ficción moderna.

Y es que, partiendo de un guión sólido, Cameron tuvo que apañárselas con un presupuesto puñeteramente escueto, por lo que se vio obligado a dosificar los efectos especiales y ponerlos al servicio de la acción, nunca por encima de ella. Esta es desde luego una película libre de excesos, no porque su realizador desechara rodar más escenas futuristas o mejores animatrónicas, sino porque sencillamente no podía permitírselas. Sin embargo, ya podemos intuir al prestidigitador que 7 años después cambiaría para siempre la forma de rodar cine en Hollywood. Todavía hoy resultan espeluznantes las escenas de un futuro apocalíptico donde los seres humanos son calaveras apiladas bajo las ruedas de las máquinas. Con el dinero que se emplea ahora en cubrir las dietas de un actor secundario, James Cameron consiguió hacernos creer que máquinas voladoras con formas jurásicas dominarían la faz de la Tierra.

Kyle Reese: “Presta atención. La serie 600 tenía piel de goma. Enseguida los veíamos. Pero este modelo es nuevo. Tienen aspecto humano. Sudan, tienen mal aliento, todo. Muy difíciles de descubrir. Teníamos que esperar a tenerlos encima para poder eliminarlos…”

Pero un gran guión y unos medios bien empleados no hubieran servido de nada si Cameron no hubiera contado con un reparto equilibrado. Sus intérpretes -prácticamente desconocidos por aquel entonces- consiguieron conectar con el espectador con la misma fuerza que Mark Hamill o Harrison Ford conectaron en “La Guerra de las Galaxias“. Ahora -con la seguridad que nos otorga 25 años de distancia- vemos que los segundones anónimos de Terminator son hoy en día actores consagrados en Hollywood que hacen fácil explicar el éxito de la película.

Así, vemos a un jovencísimo Earl Boen (Dr. Peter Silberman) al que ya se le intuye un gran potencial, a Bill Paxton, interpretando al jefe de la pandilla punk (más tarde el soldado “Hudson” en Aliens), que verá ascender su carrera cinematográfica a partir de entonces (Límite Vertical, U-571, Mentiras Arriesgadas, Twister, Apollo XIII, Depredador 2), a Lance Henriksen en la piel del agente Vukovich, que será más tarde nuestro queridísimo “Bishop” (Aliens). Reconocemos también el rostro de Brian Thompson, uno de los “punks” con los que topa el Terminator, y que acabó convirtiéndose en villano de Expediente X. Mención especial para Michael Biehn , que además de presentarnos un Kyle Reese sobrecogedor, será más tarde el cabo “Dwayne Hicks” de Aliens, y repetirá su papel de Reese en “Terminator 2“, en una escena suprimida del montaje final que ahora puede verse en la versión extendida en DVD.

Como veis, este repaso por el cast es suficientemente explicativo por sí mismo. Cameron, pese a ser un realizador poco prolífico al que se tacha de excesivo con los efectos especiales, en realidad siempre ha sido un director de actores, más allá de su pasión por diseñar entornos de gran realismo y complejidad. Tiene ese don para otorgar credibilidad y naturalidad a los diálogos, incluso cuando los espeta un austríaco de apellido impronunciable interpretando a un robot del futuro. Si el guión es bueno, los diálogos deben ser creíbles. No es exagerado como Tarantino, pero siembra sus obras de conversaciones cargadoas de humor negro o guiños que son una recompensa para el espectador atento e inteligente.

T-800: Dame una automática del .12.
Dependiente: Es italiana. Manual… y automática.
T-800: Quiero una .45, – con mira láser.
Dependiente: Son nuevas, acaban de llegar. Es buena arma. Toca el gatillo y se enciende el rayo… Luego coloca el punto rojo donde quiere que vaya la bala. ¡No puede fallar! ¿Quiere algo más?
T-800: Un rifle fasado de plasma del 48.
Dependiente: ¡Sólo tengo lo que ve!

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2 Comentarios en "Terminator, de James Cameron"

    Ribus, Diciembre 13, 2008 | Permalink |
  • Magnífica crítica que transmite el entusiasmo que muchos sentimos… Tocando los pintos claves de un clásico.
    Engancha como la película.
    ¡Seguid así!

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  • Aletshe, Diciembre 14, 2008 | Permalink |
  • Fantástica crítica, os felicito!! ^^

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