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Crítica ganadora: La niebla, de Stephen King

Cinefilo.es

Sab, 6 Diciembre 2008

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No me cansaba de repetir en mi entorno cinéfilo, poco afín a este tipo de producciones, que The Mist es una obra singular, valiente y sorprendente. Casi una rareza. Un hallazgo disfrazado de género, que trasciende los códigos modernos que lastran este tipo de películas sin que apenas podamos distinguirlas dentro del inmenso montón de bodrios intercambiables.

Es una peli comercial y divertida, sí, pero también resulta arriesgada y poco convencional en estos tiempos, demostrando que éstos no son atributos excluyentes y que no hay nada más entretenido que la propia calidad.

Les aseguré a los colegas que aún no la habían visto que el argumento rebasa su apariencia banal para desmarcase de ese inmenso montón de mediocridad, y que lo hace con originalidad y atrevimiento. Que no es una más. Que casi sin darte ni cuenta, el miedo común que experimentan los personajes ante una situación delirante e inverosímil se torna en tragedia devastadora que te golpea y te deja hecho cenizas.

Que va más allá del terror y retrata las miserias del ser humano. Les conté a los amigos más exigentes que, aunque la peli sea de lo más inverosímil en su planteamiento y sobre todo en su desenlace, la estupidez humana que describe sí que resulta tristemente verosímil y familiar. Porque esta niebla oscurece el juicio, te desarma y te sume en una pesadilla amarga de mayor hondura psicológica de la que cabe esperar en un producto de estas características, ya que sin dejar de ser entretenida resulta menos superficial de lo que anuncian sus credenciales. Les comenté a mis colegas que la historia acaba resultando sobrecogedora más allá del susto ligero, el golpe de violín o la rutinaria sucesión formularia de muertes violentas, y que entre esa sugerente atmósfera clásica de sci-fi años 50 y terror, se cuelan sugerentes pinceladas filosóficas que desafían las convenciones del espectador desprevenido. Pero nada. Esos colegas descreídos fruncían el ceño, escépticos.

Yo buscaba nuevos argumentos, tratando de contagiar mi entusiasmo, pero comencé a rascarme la cabeza, dubitativo, y me dio por pensar en las flaquezas de The Mist. Asumí que quizá Thomas Jane no tenga la entidad dramática necesaria para comunicar sentimientos profundos, que los hay. Que la puesta en escena, austera y funcional queda lejos de ser arrebatadora visualmente… Porque pese a la espectacularidad de las escenas violentas y el llamativo diseño del bestiario que puebla la peli, Darabont no nos ofrece un film preciosista y abandona todo formalismo visual para darnos un puñetazo donde más nos duele. Y pese a su contención, paradójicamente acaba resultando efectista en la forma final de presentar su mensaje. Un mensaje pesimista y sin concesiones, que suena desolador al compás del precioso tema Dead Can Dance. Un sonido hermoso que sin embargo expresa un dolor que va más allá de la muerte. Demasiado cruel para algunos, pensé.

Pero decidí insistir. A pesar de recordar que los efectos especiales, sin ser precarios, no son los mejores que he visto, les dije a mis amigos que eso era lo de menos porque una vez dispuesto el sobado caldo de cultivo inicial, La niebla se expande y asciende por encima de los bichos hasta alcanzar cotas más altas y aspiraciones más sólidas.

Decidí perseverar por ahí. Intenté superar sus reticencias al género anunciándoles que el director de Cadena Perpetua y La Milla Verde, dos referentes con empaque del cine contemporáneo americano, no iba a embarcarse en un despropósito así por las buenas, que era un tío con buen gusto y cierto criterio. Les dije que La niebla transgrede con osadía el manual y se va apartando progresivamente de los clichés adoptados por el género hasta elevarse sobre sus convencionalismos, aprovechando la premisa inicial como mera coartada para abordar cuestiones que tienen que ver más con la condición humana que con los insectos gigantes o los tentáculos digitales.

Y es que partiendo de un lugar tan común a priori como una situación de aislamiento y asedio ante criaturas diabólicas escapadas de otra dimensión, la historia tiene los arrestos suficientes como para indagar en la psique humana y estudiar su comportamiento frente a la inminente amenaza de la muerte.
Por eso intenté explicar, a aquellos a los que no gustan las pelis de insectos gigantes asesinos, que los bichejos representan un papel accesorio y que la peor de las bestias es el ser humano, por manido que suene. La película, después de presentar a los personajes y encerrarlos en una angustia que les acompañará ya durante todo el metraje, alterna las previsibles escenas de acción con intervalos más reposados en los que se toma su tiempo para desarrollarlos debidamente. Y es ahí, entre bicho y bicho, donde el film de Darabont triunfa. Porque es en esa maligna sensación de peligro mortal donde las personas se alienan y quedan a merced de los demonios domésticos, personificados en la figura del odioso personaje que interpreta la gran Marcia Gay Harden. En medio del caos interior que desata el pavor visceral, la fanática religiosa se convierte en un estereotipo viviente estirado hasta el esperpento, pero creíble en el contexto trastornado de ese supermercado apostado en el infierno. Puede que se trate de un personaje excesivo pero representa con eficacia los estragos que puede llegar a infligir ese pánico en el ser humano.

Por tanto, traté de persuadir a mis amigos añadiendo que el tagline que figura en el cartel de The Mist, “el miedo lo cambia todo”, no es el típico anzuelo comercial gratuito…Podrían haber puesto “el hombre es un lobo para el hombre” y habría dado igual, está justificado con creces porque el verdadero terror reside en lo peligrosa que se puede volver una persona cuando el miedo paraliza su alma, y explica de paso ciertas decisiones finales difíciles de creer en cualquier otra tesitura. Decisiones descabelladas pero congruentes con el desarrollo de la historia. Porque esta niebla difumina la razón y nos inunda de un espanto irracional capaz de llevarnos a cometer actos inconcebibles en su atrocidad y de consecuencias irreversibles.

Seguí enumerando virtudes, pero no había manera… Conozco a más de un espectador de paladar refinado que se muestra reacio a ver The Mist por considerarla una simple peli de monstruos, disuadidos en parte por el fundado recelo comercial que hoy por hoy inspira la ya cansina y ajada etiqueta de Stephen King, otrora vitola de calidad. Costó convencerles, y cuando me enumeraron la infame relación de engendros que se habían perpetrado bajo el reclamo del prolífico escritor, callé y asentí. Y además es innegable que The Mist es una de monstruos…Y muy feos, por cierto. Porque en estas tinieblas habitan los peores engendros salidos directamente de la caverna más oscura del imaginario de Lovecraft.

Pero una vez rota la cáscara, La niebla te carga de argumentos para rebatir que se trate de otra peli de monstruos, y después de “sufrirla” con fascinación, estoy firmemente convencido de que sería injusto catalogarla de película simple. Por encima de esa sencillez formal y narrativa, éste es un film que va ganando en densidad y complejidad dramática hasta consumirnos en uno de los desenlaces más lapidarios que se recuerdan desde que la implacable máquina de palomitas decidió que ya no valía la pena molestarse en disimular que los intereses lucrativos priman sobre los artísticos, lo que equivale a decir que el criterio del director se pliega completamente a la voluntad del estudio. Es la implacable valentía de ese mazazo final lo que constituye el sello diferencial definitivo de esta curiosa película. Cabe atribuirle esa valentía a Frank Darabont, que ha mejorado el final de King pulverizando tópicos y expectativas.

Pese al artificio final, The Mist confirma al director como un cineasta discreto en el mejor sentido del término, convencido de que la historia es más relevante que su ego autoral y de que la película debe fluir sin dejar su impronta en cada encuadre. Un tipo competente, capaz de conducir con pulso firme una narración sólida, que procura que todo el aparato funcione dejando que sus personajes hablen y evolucionen con tranquilidad.

Al final mis colegas la vieron, y a casi todos les gustó a pesar de que no les van esta clase de películas. Porque si bien se trata de una peli de miedo, de monstruos y de sustos, no es otra peli de miedo, no es una peli de monstruos sin más y, desde luego, no es una peli simple. Y además, The Mist mola.

Análisis por Marcelino Bonamino

Crítica ganadora del concurso de Cinefilo.

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Crítica ganadora: La niebla, de Stephen King, 8.0 out of 10 based on 4 ratings

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