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Capitalismo: Una historia de amor

Jacobo Martínez

Mar, 23 Febrero 2010

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En Capitalismo: Una historia de amor, el siempre polémico Michael Moore nos presenta de nuevo su tendenciosa visión de la realidad, pretendiendo que el cine no sea sólo una forma de entretenimiento más, si no también un aleccionamiento moral y político. Tras unos buenos azotes al derecho constitucional de tener armas, a los agujeros del 11-S, y al sistema sanitario americano, ahora le toca el turno a un viejo amigo: El capitalismo. No os perdáis nuestra impresión sobre este film.

Si algo podemos decir de Michael Moore es que ha sido el mayor impulsor (casi inventor) del falso documental. ¿Falso documental? En efecto, hablamos de aquél que se nos vende como un reflejo objetivo de una problemática, siendo en realidad un adoctrinamiento sobre la misma. Si el entrevistado responde poniéndose en evidencia y reforzando la tesis del film, entonces formará parte del metraje. Si, por el contrario, una escena puede desacreditar el trabajo que se pretende justificar, acabará fuera del montaje final. De ahí lo de “falso documental”. Cuando se ruedan leones cazando en la sabana también es necesario un gran trabajo de edición y montaje, pero desde luego no con los mismos fines.

Pero vayamos a lo que nos ocupa: Capitalismo: Una historia de amor. Esta película, que yo no definiría ni mucho menos como tal, es -en su primera mitad- un horrorosísimo panfleto ideológico en el que se cuestiona un sistema que “hace ricos a unos pocos y pobres a muchos”. Para justificar estas afirmaciones Moore pone su punto de mira en el mercado de la especulación bursátil y el despido masivo de trabajadores provocado recientemente por la crisis de las subprime, pero dando para ello argumentaciones que cualquiera con ligeras nociones de historia o sentido común podría refutar. A saber:

Estados Unidos antes era una gran nación con una gran industria siderúrgica y automovilística. Pero no gracias a Henry Ford ni mucho menos, si no gracias a la Segunda Guerra Mundial, que dejó el mercado libre de competidores (Japón y Alemania). La tesis de Moore es un collage construído a base de toscos saltos temporales y vídeos de época convenientemente editados; Un poco de bombardeos en Vienam por aquí, un vídeo de Ronald Reagan en el mercado de valores por allá… Nada atiende a una cronología seria, ni mucho menos goza de rigor histórico. En ese sentido, el falso documental Super Size Me de Morgan Spurlock en el que el protagonista se somete a una dieta exclusiva de hamburguesas para demostrar que McDonalds perjudica la salud, es cien veces más sincero, objetivo y creíble. Me explico: Todos sabemos que abusar de un alimento o sustancia puede ser dañiño, pero Spurlock ofrece datos medibles y una línea de tiempo en la que se desarrolla el “experimento”.

Una vez nos ha dejado claro que el capitalismo no es la mejor forma de economía, Moore dedica el resto de esos eternos 120 minutos de metraje a presentarnos situaciones desfavorables, que ponen de relieve las diferencias entre el pueblo “llano” y los grandes ejecutivos “CEO – Chief Executive Officer” de las grandes corporaciones de crédito y capital. Así, nos enfrentamos a ciudadanos que han sido expulsados de sus casas por no poder afrontar sus hipotecas, empresas que se lucran con las ejecuciones hipotecarias, trabajadores despedidos para “maximizar los beneficios” o lugareños que han perdido sus hogares bajo los efectos del huracán Katrina. Incluso dos sacerdotes que afirman que el capitalismo, el ansia por acumular riqueza, es hoy en día una forma de pecado. Muchos ingredientes en la misma sartén y el fuego muy alto, para que no se note la falta de relación entre algunos de estos fragmentos.

Así, Moore va usando los larguísimos 120 minutos de metraje para decirnos cosas tan salvajes como que Roosevelt iba a asegurar a cada ciudadano americano el acceso a la sanidad, a la vivienda y al empleo, pero que -cosas del destino- su muerte lo impidió, dando paso a presidentes avariciosos manejados por las grandes corporaciones. En el documental, Ronald Reagan no es sino un títere de los magnates, un “comercial en jefe”. Y para qué seguir…

Como veis, mi opinión sobre esta cinta no está siendo nada positiva, porque por mucho que intento alejarme de mis propias ideas e intento ver con “ojos limpios” lo que Moore nos quiere presentar, no dejo de sentirme como Malcom McDowell en La naranja mecánica, cuando es obligado a “videar” imágenes violentas para corregir sus comportamientos agresivos. Me siento manipulado y siento que además se me exige pagar por ello mediante el sistema capitalista, una paradoja evidente.

Afortunadamente, en Capitalismo no todo es infame, pues su segunda hora roza un discurso más realista y aplicado a la realidad, porque cuenta con relativo acierto algo que hemos vivido hace poco tiempo y de lo que todavía somos víctimas: El gran crack de la burbuja inmobiliaria… Un repaso a conceptos económicos como activos tóxicos, hipotecas basura, derivados bursátiles, en el que las víctimas sí somos los ciudadanos, y los cómplices los gobiernos, que inyectaron el dinero necesario para satisfacer a los bancos, pero no para apoyar a las economías domésticas y a los pequeños negocios. Sólo por esta parte puede resultar interesante el documental.

En fin, no quiro aburrir al lector más de lo que yo me he aburrido como espectador. Michael Moore es un activista político con el que se puede estar de acuerdo o no, pero nunca un cineasta serio. Yo desde luego no apostaría por volver a ver una de sus películas en pantalla grande.

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3 Comentarios en "Capitalismo: Una historia de amor"

    Lobezno, Febrero 24, 2010 | Permalink |
  • ¿Atacará a algún presidente que sea demócrata o le echará como siempre la culpa a los republicanos? Podría viajar por el tiempo para encontrarse con la creación de un partido abolicionista de la esclavitud, cuyo representante era un tal Abraham Lincoln y cuyo partido se hacía llamar Republicano.

    Será mejor que lea algún libro de historia porque con el Plan Marshall y una incipiente Guerra Fría, no creo que tuvieran tanto dinero para ese fantástico plan de Roosevelt; aparte de que se ha olvidado de los felices y prósperos años 50 donde se creó el “American way of life”. De modo que el pueblo no vivía tan mal con el capitalismo

    Este hombre tendría cabida en la prensa deportiva por si facilidad para tergiversar y manipular la realidad. No creo que le disguste tanto el capitalismo, cobrando 2000 dólares por entrevista concedida. Otro progre de boquilla.

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  • MDLSoft, Febrero 24, 2010 | Permalink |
  • Me parece una lástima que Moore sea tan “showman”, y quiere impactar tal vez demasiado con esos cortes allí donde no le interesa, lo cual para muchos de nosotros le hace perder parte de credibilidad y seriedad.
    No obstante creo que en el fondo tiene razón en las exposiciones, los datos y explicaciones que da a veces no son correctos ni acertados, parece tener una visión un tanto patriótica, que sumado a sus tendencias políticas le quitan la parcialidad, y por lo tanto, un sector importante le va a criticar haga lo que haga poniendo por bandera esos importantes detalles.

    Y desde luego que se puede decir que “en todas partes cuecen habas” , así que es verdad que podría extender la crítica no solo a los republicanos, sino a demócratas y demás partidos y tendencias políticas extendidas por el mundo, ya que prácticamente nadie en ninguna parte ha movido un dedo para cambiar nada, la gran mayoría de los sistemas estan corruptos por el dinero corporativo, la estabilidad y viabilidad a largo plazo nunca son objetivos, ni siquiera secundarios. En fin, para qué seguir…

    Saludos.

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  • Nombre*Pepe, Marzo 1, 2010 | Permalink |
  • Si alguna virtud tiene el Sr. Moore es su sinceridad. No utiliza subterfugios, ni psicología invertida, ni mensajes subliminales. Según su criterio, llama al pan, pan. Utiliza todos los medios a su alcance (muchos menos que las grandes corporaciones), para defender y dar a conocer sus ideas. Y sí, se beneficia económicamente de ello, porque el capitalísmo con tal de sacar beneficio es capaz de vender su alma al diablo, y si lo ve posible con el Sr. Moore, también. Cuantas películas vemos todos los días que no sabemos lo que venden, pero lo venden. Porque haya un 0,01 % de mensajes que no le vayan bien a las multinacionales en contra de un 99,9 de mensajes claramente consumistas y por ende capitalistas, no pasa nada. Lo que me molesta son estas reacciones furibundas contra un pobre bufón, que solo intenta divertir con un punto de vista distinto, y porqué no, haciendo un panfleto con la intención de defender sus ideas, pero sin ninguna intención de confundir ni de mentir. Todavía no he visto ninguna mentira como por ejemplo la de las armas de destrucción masiva de los iraquís, para simplemente hacerse con su petróleo. El Sr.Bus ¿no es un comercial de las Petroleras?, tal vez yo esté equivocado y quien le puso como presidente primero de Texas y luego de Estados Unidos fueron electores perfectamente informados y un logro de la expresión democrática de los electores incluidos los de Florida, gobernada por su hermano y el símbolo de lo que no debe ser un demócrata, ya , ya sé que es republicano. Yo no considero que el capitalízmo sea malo, sobre todo en comparación con los otros sistemas económicos que hemos conocido. Pero sí digo que la ambición sin límites de los capitalistas tienen que tener cortapisas interpuestas por el pueblo en su más digna representación, LA DEMOCRACIA, el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. No por Coca Cola, Shell, Microsoff, Toyota, General Electric o Banco de SAntander que legítimamente tienen que trabajar para su máximo beneficio pero no a costa de los ciudadanos y de las Naciones que imperativamente tienen que corregir sus escesos en pro de beneficios a toda costa. Y eso se consigue con Estados fuertes contra los fuertes y ayudar a los débiles para que la igualdad de oportunidades sea real. Podriamos estar un siglo pero de momento vale.

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