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Arrietty y el mundo de los diminutos, de Hiromasa Yonebayashi

Daniel Oliver

Jue, 15 Septiembre 2011

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Dirigida por el joven director Hiromasa Yonebayashi y firmada en su guión por el mismísimo Hayao Miyazaki, la nueva película del mítico Estudio Ghibli de animación da una nueva vuelta de tuerca a la fantástica historia de The borrowers de Mary Norton, aquí conocidos como Los diminutos, en una clásica película de animación de factura impecable.

Arrietty y el mundo de los diminutos es una de esas películas que engancha desde el primer momento gracias a su innegable atractivo visual: no en vano, contar un relato en clave de fábula fantástica sobre mini-seres que viven debajo de nuestras casas y que viven de sustraer cosas que los humanos jamás echaríamos de menos (un terrón de azúcar, una aguja de coser, una gota de agua…) implica una expansión de posibilidades en un mundo engrandecido de lo más interesante. No es que este recurso no esté ya muy visto, que lo está, pero Yonebayashi ha sabido extraer del mismo un barroquismo de relieve extremo y colorido lleno de matices que ya hubiera querido para sí Goro Miyazaki para sí mismo en su primer film Cuentos de Terramar.

En la historia que nos ocupa, la familia de Arrietty, protagonista absoluta del film, vive en el subsuelo de una casa campestre de las afueras de Tokio desde hace mucho tiempo. Un día, aparece por ella Sho, un joven con un muy delicado estado de salud que parece notar la presencia de los pequeños seres, y de los que lleva escuchando oir rumores toda su vida en forma de leyendas contadas por su madre. Sin equivocarse en absoluto, y pese a lo peligroso que resulta que un diminuto se presente ante un humano, se forja una relación de amor-amistad entre la impaciente, bienintencionada Arrietty y Sho.

A partir de aquí, Arrietty y el mundo de los diminutos no se desvía casi en lo más mínimo de todos los estandartes que caracterizan a los films de Ghibli: en ella podemos encontrar una joven heroína fuerte, valiente y vulnerable (muy en la línea de Nausicaä, Chihiro o Sophie), una historia de amor basada en el poder de la amistad, la veneración a la naturaleza, el hombre como fuente de destrucción y terror (siempre a primera vista), y un componente fantástico que, lejos de enrarecer el resultado final, le aporta ese toque mágico propio de las mejores fábulas amplificado exquisitamente por una ternura inocente, sincera y conmovedora.

No hay que pretender comparar Arrietty en complejidad o fondo con obras maestras del mismo estudio como La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro, ni siquiera con los films de Isao Takahata como la demoledora y desgarradora La tumba de las luciérnagas o la extraña y bizarra Pom Poko, sino más bien con el tono de las deliciosas Puedo escuchar el mar, Susurros del corazón o Recuerdos del ayer: historias de la dureza de la transición de la juventud a la edad adulta, la pérdida de la inocencia y el tener que enfrentarse a los problemas reales de la vida portando un corazón aún lleno de ilusión y esperanza, tan solo que enmarcándolo en un contexto de fantasía que le viene como anillo al dedo.

Llegados a este punto, tan solo podemos encontrarle virtudes a una película que cuenta con todos los elementos para convertirse en un delicioso clásico y que no tiene más pretensiones que las que expone: hacer llegar al espectador un mensaje de ternura, amistad y reflexión sobre lo que realmente importa de verdad en la vida, que es la belleza de vivir en sí y del amor desinteresado de aquellos que nos rodean. Sin más adornos, sin ningún doble sentido ni ambición. Sin crudeza ni infantilismo. Solo belleza en forma de lienzos e imágenes barrocas, planos de animación clásicos, música resultona de Cécile Corbel (se echa de menos la mano del maestro Hisaishi, aunque no esté nada mal la que nos ocupa) y, sobre todo, un simple pero inspiradísimo guión que rebosa honestidad abrumadora, por no hablar de esa joya de personaje que es Arrietty aunque ya nos parezca un refrito de muchas otras tantas heroínas de Ghibli.

Yonebayashi, su director, comenzó siendo animador en las películas de Hayao Miyazaki desde La princesa Mononoke y este es su primer film como director; desde Cinefilo.es esperamos que sean muchos los futuros proyectos que le esperan, ya que Arrietty y el mundo de los diminutos es una pequeña joya en bruto que, si bien no está del todo pulida, brilla intensamente por sí sola.

De visionado obligatorio para cualquier amante del cine de animación y cualquier cine en general.

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