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Proyectos… ¿imposibles? (Parte 2)

Luis Jiménez

Sab, 1 Octubre 2011

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Otro de los proyectos que parecen imposibles se refiere a uno de los, quizá, más conocidos. Se trata de la libre adaptación que Terry Gilliam siempre ha querido hacer del personaje de Miguel de Cervantes. Un proyecto que parece no tener muy buena suerte.

:: El hombre que mató a Don Quijote. El proyecto maldito de Terry Gilliam

El director de Minneapolis siempre ha dicho que hacer una película es, en esencia, dos cosas: una parte de confianza y otra de impulso. Básicamente la una alimenta a la otra. Su proyecto bajo el título El hombre que mató a Don Quijote, quizá sea uno de los más conocidos dentro de los círculos de Hollywood, dentro de ese pequeño mundo de ilusiones que no se han hecho realidad. Y es cierto que confianza no le falta, pero el impulso le ha fallado en alguna ocasión.

Se trata de un título que cabalga en la mente del componente de Monty Python desde hace más de diez años, que se dice pronto. Su fascinación por el personaje de Don Quijote le ha llevado a intentar en varias ocasiones, poner en marcha un proyecto basado en él. Pero ya advirtió que su idea no era precisamente la de adaptar la novela (ninguna de las dos) sino una cinta en donde Don Quijote fuera el protagonista.

Y dentro de todo lo malo que le puede pasar a un director, el propio Gilliam asegura que le ha sucedido de todo. A pesar de ello, nunca ha abandonado la idea, a veces planea más o menos tiempo en su cabeza, pero está ahí, es como ese hijo cinematográfico que no puede tener (de momento, claro).

Las complicaciones ya empezaron desde el principio. Gilliam pedía un presupuesto algo elevado para una producción europea (recordemos que el director no es muy amigo de las productoras norteamericanas). Serían necesarios 40 millones de dólares para que El hombre que mató a Don Quijote fuera una realidad. Iba a ser la producción europea más cara, en su día, claro. Luego otros títulos superarían con creces esa cifra, algo que muchos seguidores del director no llegan a comprender, ¿por qué a Gilliam? El primer recorte de presupuesto lo dejó con 32 millones.

Además de esto, el realizador tenía en mente rodar en España, más concretamente en la región cántabra de Las Bárcenas, en Aragón y en Navarra, donde transcurriría la acción de la película. También tenía reparto confirmado. Por un lado el actor Johnny Depp interpretaría al joven protagonista (ya se conocían de Miedo y asco en Las Vegas (1999)), y lo más importante, el francés Jean Rochefort sería Don Quijote. Rochefort, que por aquel entonces tenía 70 años, dedicó siete meses a aprender inglés y a hablarlo de forma fluida.

Pronto empezaron los problemas. Cada día surgía una pega y obligaba a parar el rodaje durante unas cuantas horas, algo que desesperaba a Gilliam, un hombre activo y que gusta de pocas pausas en sus rodajes. El primer día, el calor sofocante obligaba también a pequeños parones para poder asistir a Rochefort. Era una persona un poco anciana, pero Gilliam nunca había dudado de su capacidad como Don Quijote. El actor francés empezó a sentirse mal y pronto tuvo que ser trasladado a un hospital en donde se le diagnosticó una infección en las próstata.

Pero las sorpresas no acabaron ahí, y al día siguiente una repentina tormenta inundó prácticamente el set de rodaje, por lo que Johnny Depp no pudo rodar sus planos. Gilliam bromeaba sobre una maldición que se cernía en el rodaje. Durante los días siguientes, y debido a la lluvia, el paisaje cambiaba bastante, zonas áridas se habían vuelto verdes… pero bueno, esto tampoco preocupaba en exceso al director. Rochefort, volvió al rodaje, pero no pudo montar más. Su estado de salud se agravó y volvió a ser trasladado al hospital, allí se le diagnosticó esta vez una hernia. Debido a esto, y a pesar de la pasión del francés por los caballos, se le recomendó que no volviera a montar nunca más.

Aviones F-16 sobrevolando el set de rodaje, más tormentas de arena… toda una plaga de desgracias que no presagiaban nada bueno en el rodaje, que tuvo que ser detenido a los cinco días de comenzar. Esto no era bueno y despertó la desconfianza de los productores, que habían invertido mucho dinero en un proyecto que Gilliam se había encargado de vender muy bien. El hombre que mató a Don Quijote estaba a punto de sufrir un fuerte recorte de presupuesto, quizá dejaría la película aparcada durante un buen tiempo. A esto se sumó la cifra de 16 millones que debían pagar a las compañías de seguros por “las molestias” causadas (incidencias, retrasos, cancelaciones…). Los derechos pasaron a sus manos y parecía que Gilliam había perdido la batalla.

Los problemas vinieron cuando, al retirarse parte del presupuesto inicial, Johnny Depp decidió apartarse debido a que tenía otros compromisos y no podía esperar a que las cosas le salieran bien a Gilliam. La amistad que los unía fue necesaria para que no hubiese ido todo a peor. El realizador se puso manos a la obra para buscar financiación de donde fuera, recurriendo a antiguos amigos, productores de anteriores películas… su idea era la de reunir de nuevo, al menos más de treinta millones de dólares, cantidad más que suficiente para reiniciar el rodaje. Gracias al apoyo de inversores franceses y alemanes, El hombre que mató a Don Quijote volvió a las manos de su creador, en busca de presupuesto.

Pero hasta la fecha, el director de 12 monos (1996) no ha vuelto a coger una cámara para seguir con él. Sí que ha rodado varios títulos y entre 2005 y 2009 hizo un cambio importante de reparto en El hombre que mató a Don Quijote, quedándose finalmente con Robert Duvall como el hidalgo, y el británico Ewan McGregor como protagonista. Pero nombres como Gérard Depardieu o su compañero en los Monty Python, Michael Palin, han pasado como candidatos para interpretar a Don Quijote.

A mediados del pasado 2010, se volvía a cancelar el rodaje de la película. Habían pasado además un par de años desde que el propio Gillian y el guionista Tony Grisoni reescribieran la película para adecuarla a un presupuesto algo menos alto y, por supuesto, a otro reparto. A día de hoy el director sigue en la senda de encontrar alguien que se encargue de la financiación y se consuela al decir que al menos él ha hecho menos películas malas que otros directores. Toda una odisea que, esperemos, algún día tenga su recompensa para un director que, a pesar de ser considerado un bicho raro, nunca ha perdido la confianza en si mismo y eso… no tiene precio.

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